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Era tan previsible...

Habló Arnaldo Otegi en la televisión pública española, dijo sus verdades y pareciera que un zorro se hubiera colado en el gallinero. El cacareo aún se escucha ahora y no hay gallina que no haya abierto el pico para poner el grito en el cielo.

La alarma que, de forma interesada y falaz, tratan de generar en su propia opinión pública delata su extrema debilidad argumental. Y alguno podría decir que temen más a las palabras que a las armas.

Se podrán discutir los argumentos de Otegi, pero no es legítima la censura a quien representa a cientos de miles de ciudadanas y ciudadanos vascos. Se puede tratar de rebatir sus ideas pero no silenciarlas.

El cacareo desnuda el miedo de las gallinas pero lo triste es que, hoy, en España, políticos de escasa estofa gritan porque quien enarboló la rama de olivo pueda hablar a sus gentes y, sin estridencias, explicar la razón vasca.

El griterío estaba asegurado. Era tan previsible

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