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Escribo por encargo

Sería mucho decir que escribo estas líneas por encargo, pero sí por sugerencia y por dos circunstancias muy concretas que me mueven. La primera, la dolorosa noticia del fallecimiento de Mariano Ferrer y la segunda, la muy periodística incontinencia de Gorka Landaburu al subir a las redes sociales fotografías de unos encuentros discretos en torno a la paz en Euskal Herria... y que celebramos en Washington.

He escrito discretos y no secretos porque las actas de aquellas reuniones cayeron en manos de la policía española en un inaudito secuestro de nuestros equipajes en el aeropuerto de Londres, ante la asombrada mirada de Mariano.

Pongámonos en situación.

La iniciativa partió de Joseba Azkarraga, a la sazón consejero de Justicia del Gobierno Vasco que presidía el Lehendakari Ibarretxe. Se trataba de reunir a un grupo de personas vinculadas a diferentes ideologías para debatir, interpelar y hablar sobre la paz en Euskal Herria. Lo hicimos en el instituto para la resolución de conflictos de la Universidad George Washington.

El asunto no alcanzó ni siquiera la categoría de discreto porque ya en el aeropuerto de Loiu nos topamos con otro periodista, Juan Luis Bikuña, que lo dio a conocer en el Teleberri que presentaba en ETB, cuando en casa aún no habíamos dado cuenta de nuestra misteriosa desaparición por espacio de una semana.

Pero el objetivo seguía en pie y en aquellos salones no dimos cita un grupo de personas de diversa procedencia y oficio para hablar de algo que a todos y todas nos apasionaba: la paz.

Allí conocí a Nekane San Miguel, jueza; a Manu Montero, ex rector de la UPV; a Manu Escudero, cualificado dirigente del PSOE. A otros como Mariano Ferrer, Gorka Landaburu, Gorka Espiau o Esther Larrañaga ya los conocía de sobra.

Han pasado casi veinte años y no creo que sea indiscreción contarlo. A lo largo de una semana debatimos, nos pusimos en el papel del otro, atendimos las recomendaciones de los facilitadores del Instituto. Y no resolvimos nada, absolutamente nada.

Tuvieron que pasar muchos años para que alguno de los objetivos que nos marcamos se materializaran. Y mucho sufrimiento para todos.

Pero guardo un recuerdo imborrable de aquellos encuentros: hice amigos que no imaginaba. Todos aprendimos algo sobre el valor de la palabra y el respeto al pensamiento ajeno. Hoy tengo más amigos que la víspera de iniciar aquel misterioso periplo y también entiendo un poco mejor su pensamiento, tan lejano del mío.

Bueno, hay más cosas, pero esas sí están en el ambito del secreto. Por lo menos otros veinte años.

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