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La humillación como objetivo

Eran conocedores de la voluntad de ETA de cerrar el ciclo de la lucha armada. Y se pusieron nerviosos.

También sabían que la guerrilla vasca pretendía destruir sus arsenales de forma públicada  y verificable. Y el nerviosismo se tornó en acción represiva contra quienes sólo pretendían inutilizar armas. No usarlas.

También pusieron todas las trabas imaginables a la disolución definitiva de la organización.

Nos mintieron durante años. Cuando repetían, por ejemplo, que sin violencia todo era posible. Y ahora que el castillo de naipes ha caído por el soplo del viento de la historia, tratan a la desesperada de construir un relato histórico en el que maquillar sus propias responsabilidades.

Por eso se han obcecado en negar los recibimientos a los presos. Porque no quieren que nadie vea que a los prisioneros les quieren en sus pueblos, en sus familias y vecindarios.

Y  ahora, otra vuelta de tuerca. Jon Bienzobas cumple condena y pinta. Pinta bien, además. Y sus amigos han organizado una exposición para que los vecinos de Galdakao puedan ver lo que pinta.

Y ahí el PNV, como el fiel escudero que es, alza la voz para que los ciudadanos no puedan ver. Josu Erkoreka, vocero de Urkullu pide la clausura de una exposición que no casa con su relato.

Lo que resulta insólito en un régimen que se pretenda democrático lo pide sin rubor el portavoz del Gobierno Vasco. Porque lo que pretenden vender como verdad histórica es, simple y llanamente, falso.

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