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Las aguas de Nafarroa

Repetir que las aguas de la política en Nafarroa vienen revueltas es, sin duda, recurrir al tópico. Como lo es volver a decir que la cuestión navarra es cuestión de Estado y que tal circunstancia lo pervierte todo.

Desde el minuto uno de la Reforma franquista, la política en Nafarroa, lejos de ser territorio de libertad de opción viene siendo el terreno de la corrupción ideológica y el chantaje permanente. Quienes se reclaman de izquierdas en España se transfiguran en aliados de los requetés y los admiradores de Mola y Sanjurjo se prestan a colaborar con los llamados socialistas en Madrid. Todo por evitar un cambio en el statu quo.

Nafarroa no es más compleja que ningún otro punto del mapa mundi. Es, simplemente, la clave de bóveda en la construcción de Euskal Herria. Y ahí está la razón última de tanto cambalache. Desde los tiempos de Aizpún y Urralburu, el agostazo de Pepiño Blanco y ahora los cantos de sirena de Esparza.

El tablero parece endiablado pero el guión es más simple que el mecanismo de un sonajero. Le toca mover pieza a Pedro Sánchez y lo tiene fácil: si no mira a La Zarzuela y a los poderes fácticos, respetará la voluntad de las navarras y navarros. De lo contrario, se incorporará a la noria del requeté.

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