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No es el juego del ratón y el gato


Todas las mañanas en Info7 irratia

Si no fuera una verdadera tragedia en términos políticos y democráticos, las aventuras de Puigdemont podrían equipararse a aquellos dibujos animados de Correcaminos y el zorro en las que la inteligencia y rapidez del avestruz vencía y ridiculizaba al raposo para alborozo de los espectadores.

Pero no. Aunque parezca divertido contemplar al Gobierno del Reino de España desorientado y con los nervios rotos por la posibilidad de que el president in pectore tome posesión legítima de su cargo, la realidad es muy poco divertida.

Nos hallamos ante la cruda desnudez de un Estado que no renuncia a la violencia más extrema frente a la voluntad popular expresada en las urnas en condiciones más que precarias.

Otra cosa es que la torpeza de ese Estado nos arranque una sonrisa. Pero no perdamos la percepción de la realidad. No es el juego del gato y el ratón, sino el combate entre la democracia y su negación.

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