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¡Qué democracia más curiosa!

Hay que reconocer que quienes diseñaron el nuevo régimen a la muerte de Franco, lo dejaron niquelado. Blindaron su pasado criminal, instauraron la figura del  campechano como modelo a imitar o envidiar y ahora, en la segunda reencarnación han puesto a otro que, además, es impune y no se le puede ni alzar la voz, ni rechistar ni, por supuesto, criticar.

Así lo ha dejado sentenciado el Tribunal Constitucional español a cuenta de la reprobación aprobada por mayoría absoluta en el Parlament de Catalunya. En la declaración, libre de tacha desde el punto de vista democrático, se reprobaban las amenazas vertidas por Felipe VI en vísperas del referendum del 1-O, se criticaba el apoyo entusiasta de Borbón a la represión de los piolines y se abogaba por la abolición de una monarquía "caduca y antidemocrática".

Pues ahora resulta que todo está anulado porque los guardianes de las esencias hispanas han decidido que los parlamentos no pueden pronunciarse desde su saber y entender. Es, cuando menos, una forma curiosa de comprender la democracia parlamentaria.

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