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Sin lana y trasquilado

El Partido Popular, cada día más parecido al que dejó Aznar, organizó en Donostia un homenaje privado al que fuera dirigente del partido Gregorio Ordoñez, víctima de ETA hace un cuarto de siglo.

Al acto del partido asistió también el Lehendakari, Iñigo Urkullu, que no se prodiga en actos de homenaje a las víctimas de otro signo, que también las hay.

Y allí, en el Palacio de Miramar Urkullu tuvo que oir a quienes apenas representan a nadie en estos pagos que no se debe negociar ni pactar nada con el independentismo de izquierdas al que, por ende, hay que marginar política y socialmente.

Casado, Alonso y compañía saben de su propia insignificancia pero se han dado el gusto de cebar una trampa a Urkullu, que picó el anzuelo y hubo de oirles.

Lo del aislamiento cívico y político del independentismo suena a gag cómico en boca de quienes sólo tienen un diputado en Madrid y un juntero en Gipuzkoa.

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