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Treinta años es mucho

José Ramón López de Abetxuko, militante confeso del independentismo vasco armado ha cumplido treinta años de cárcel impuesta por jueces franceses y españoles. Es mucho tiempo. Y los ha cumplido, además, enfermo en buena parte.

Ahora han querido silenciarle. Los de siempre, los que indultaban con alegría a los pocos sicarios a quienes se consiguió sentar en el banquillo.

La historia no comenzó con la Reforma del franquismo. Ese relato es falaz.

Las generaciones que empuñaron las armas después de la muerte de Franco lo hicieron, precisamente, para impedir que se asentara aquel régimen fascista blanqueado por un relato falseado en el que los vencidos parecieran vencedores y los que perpetraron el genocidio, fueran generosos demócratas dispuestos a perdonar.

Esa no es la historia real.

Y, además, López de Abetxuko no fue a la Universidad a hablar de ETA sino de la cruel realidad que padecen los presos enfermos. Y eso, a los fachas de siempre, les importa poco.

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