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Un conflicto que quisieran negar


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En la versión vasca del PSOE conviven, al menos, dos almas: Quienes como los niños, se tapan los ojos con la palma de la mano y gritan “No estoy”; y quienes con la mayor frialdad dicen con voz apagada :“Había que hacerlo”. Hablamos de la tortura. El informe redactado por Paco Etxeberria y su equipo, nada sospechoso de connivencias extrañas, ha certificado miles de casos de tortura en Euskal Herria -que, en realidad, han sido más de los acreditados en este primer informe- y ha levantado ampollas en el grupo de Idoia Mendia. Entre los que han hecho la vista gorda y también entre los torturadores activos. El tormento ha sido durante décadas un instrumento más en la lucha contra la insurgencia vasca. Lo sabíamos todas y todos. Y los socialistas, jelkides y populares también. Aunque los que no torturaban con mano propia se taparan los ojos y pusieran cara de resignación cuando les tocaba padecerla de cerca. A Idoia Mendia le ha traicionado el subconsciente al reconocer que el informe es inapropiado “porque alimenta la teoría de un conflicto inexistente”. Dice el viejo adagio que la verdad es la verdad, la diga Agamenón o su porquero. Y lo cierto y verificado es el uso masivo de la tortura. Y, como dice Mendia, certifica la existencia de un conflicto que aún pervive. ¡Que no se tapen los ojos!.

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