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Una broma de mal gusto

Será cosa de la edad, pero a mí no me tocó votar ni a favor ni en contra del Estatuto de Autonomía de la CAV. A los navarros de mi edad, ni a los mayores tampoco les tocó en suerte votar el Amejoramiento del Fuero, concecido a modo de carta otorgada.

En cualquiera de los dos casos, han pasado décadas sin que estas dos leyes orgánicas se hayan cumplido por parte de los sucesivos gobiernos españoles. Por ahí han pasado Suarez, González, Aznar, Zapatero y Rajoy. Y todos y cada uno de ellos les han hecho la chirigota a los defensores del régimen autonomista.

Hoy le toca a Sánchez sacar el conejo de las tranferencias de la chistera en busca del apoyo jelkide a su acción de gobierno. Y, ojo al parche, tampoco todas las transferencias pendientes se ofertan en este mercadillo vergonzante.

La respuesta del PNV es previsible, demasiado previsible porque cuando la política se entiende como los cambios de cromos siempre hay alguien que proclama que todo es bueno para el convento. Y eso no tiene nada que ver con la soberanía o el derecho a decidir. Ni siquiera con el nuevo estatus. Es, simplemente, una broma de mal gusto.

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