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Una Diada para el encuentro

La formidable demostración de fuerza del independentismo catalán en la Diada debiera ser motivo de reflexión para todos los implicados en la construcción del Estado español como algo imperecedero y quienes trabajan en su deconstrucción para liberar a sus pueblos.

Motivo de reflexión, sin duda, para los gestores de Madrid que no puede jugar a los tres monos chinos y fingir que no ven, no oyen y no hablan. La realidad es terca y ya han tenido ocasión de comprobar que ni con el sabotaje económico, ni con la represión y la cárcel esa marea humana desiste.

También hay razón para que el movimiento independentista reflexione sobre la importancia de la unidad en los objetivos. La madurez de la sociedad catalana se merece claridad en los discursos y sinceridad en la unidad de acción y no personalismos que sólo debiitan al conjunto.

Y quienes miramos desde Euskal Herria deberíamos constatar que la solución no pasa por la resignación ni por hacernos un hueco un tanto confortable a la sombra de Madrid. Catalunya demuestra que el camino es la confrontación. Democrática, pero confrontación.

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