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Los héroes del renacimiento de la Real que cimentó el nuevo Anoeta

Los héroes del renacimiento de la Real que cimentó el nuevo Anoeta

Con la despedida al final de la pasada temporada de Xabi Prieto y Carlos Martínez, la rescisión de los contratos durante el verano de Markel Bergara y Alberto de la Bella y el homenaje del sábado a Imanol Agirretxe, David Zurutuza queda como único superviviente de la plantilla que consiguió el ascenso de 2010 que puso las bases del nuevo Anoeta.

Uno ha tenido la suerte de trabajar los últimos 25 años en el seguimiento diario de la Real Sociedad y de realizar un trabajo de la historia de este club y la conocerá como muy pocos por la recopilación de cantidad de información y la realización de muchas entrevistas para completarlo. Por eso, alejado de la sensación de que cualquier tiempo pasado fue mejor, puede afirmar que la generación que ha conseguido levantar el club desde su peor situación económica y de la Segunda División hasta la Liga de Campeones en solo tres años y crecer estructural y socialmente hasta la materialización del nuevo Anoeta merece un lugar privilegiado en esa historia junto al equipo que consiguió las dos Ligas y el del ascenso de Puertollano.

La generación que logró el último ascenso y la clasificación para la Champions en tres años ha abandonado el club con homenajes más o menos importantes en el plano individual a algunos jugadores, pero sin un reconocimiento colectivo mucho más importante. Porque sus logros los han conseguido en unas condiciones muy difíciles y han permitido evitar la desaparición del club y reforzarlo con el nuevo Anoeta.

No tiene nada que ver la situación en la que la Real sube en 1967, cuando el club no había logrado más título que la Copa de 1909 con el Club Ciclista, y era tan normal estar en Segunda como en Primera y nadie cuestionaba a la directiva de Vega de Seoane. Eso no quiere decir que no tuvieran muchísimo mérito los héroes de Puertollano, que no solo lograron el penúltimo ascenso de la Real, también trasmitieron a una generación posterior que tenía más calidad su garra y entrega. Eso permitió a sus sucesores combinar las virtudes de los dos grupos de futbolistas y pasar también a la historia como el equipo campeón, con sus dos títulos de Liga (1980-81 y 1981-82), la Supercopa (1982-83) y la Copa (1986-87).

Uno ha tenido la suerte de hablar y conocer personalmente a casi todos los integrantes de los tres equipos y todos ellos, además de tener el denominador común de haberse formado en la cantera realista y de ser guipuzcoanos en su gran mayoría, son grandísimas personas antes que buenos jugadores y les admira a todos por la calidad deportiva y la humana, que muchas veces en un deporte de equipo hace relucir más la primera. Y desde ese reconocimiento a las tres, uno tiene la sensación de que el mérito mayor y el legado más importante para la historia del club es el que va a dejar la generación del renacimiento de la Real que cimentó el nuevo Anoeta.

Porque la Real estaba casi muerta en diciembre de 2008 cuando Jokin Aperribay decide escuchar los llamamientos desesperados de auxilio de todos los integrantes de la Real, incluidos los jugadores, para presentar una remoción a una persona que nunca debía haber entrado en el club y se fue en una Junta en la que tuvo que intervenir la Ertzaintza para proteger de sus seguidores al nuevo Consejo.

El club estaba en concurso de acreedores, arruinado económicamente, destrozado socialmente y deportivamente hundido en Segunda cuando muy pocos confiábamos en los jugadores de la cantera que debían asumir en medio de un ambiente de desconfianza y de crispación el reto de ascender inmediatamente para evitar la desaparición de la entidad. Una situación en la que era más fácil que los jugadores acabaran en un manicomio por las cosas que tuvieron que vivir cada día en el club y aun así lograron el objetivo con un carácter y compromiso que sí tenían por mucho que se les cuestionara eso también.

Había un lanzallamas en un sector del estadio de Anoeta a pleno funcionamiento para que al más mínimo resultado negativo adverso ardiera en llamas todo el club. En ese ambiente y sin un euro para fichar, la Real recurrió a todos los jugadores de Zubieta que tenían un mínimo nivel: Asier Riesgo, Eñaut Zubikarai, Carlos Martínez, Dani Estrada, Mikel González, Jon Ansotegi, Mikel Labaka, Josu Esnaola, Iñigo Sarasola, Markel Bergara, Gorka Elustondo, Mikel Aranburu, David Zurutuza, Xabi Prieto, Imanol Agirretxe y Borja Viguera, a los que luego se sumó de manera milagrosa un juvenil, Antoine Griezmann, que aprovechó desde su primer partido de pretemporada la oportunidad que le dieron las lesiones de compañeros. Diecisiete jugadores de Zubieta en los que pocos confiábamos a pesar de la gran calidad de los que estaban en el primer equipo y consiguieron sobrevivir a los años de autodestrucción de futbolistas que llevaron al descenso y de que el resto había sido capaz de llevar al Sanse al play-off de ascenso.

Junto a ellos siguieron futbolistas con contratos importantes que no pudieron salir porque nadie los quería  –Claudio Bravo y Diego Rivas– y otros que llegaron sin pagar un euro de traspaso como Alberto de la Bella, Emilio Nsue, Carlos Bueno, Jonathan Estrada, Sergio Rodríguez y Frank Songo'o, de los que solo el primero iba a tener continuidad hasta convertirse en uno más de la generación del renacimiento realista. Además ya se entrenaba Asier Illarramendi, que tuvo la oportunidad de debutar en el que cabe esperar que sea el último partido de la Real en Segunda en Elche. Con ellos Loren acertó al buscar un entrenador motivador como Martín Lasarte para superar la travesía del desierto de Segunda sin que se incendiara Anoeta y se terminara de destruir a la Real.

Algo que no parecía muy lejano cuando en el descanso de la cuarta jornada la Real perdía en Anoeta con el Girona, tras sumar dos empates y una victoria en los tres primeros partidos y ya se empezaba a preparar la hoguera que pretendía quemar al Consejo que llamaban golpista y restaurar al que consideraban legítimo de su antecesor. Pero entonces salió Griezmann y dos goles de Agirretxe permitieron evitar la derrota y apagar el conato de incendio. A partir de ahí la Real logró tres victorias consecutivas que le colocaron primera y ocupó plazas de ascenso hasta el final y el liderato en las últimas quince jornadas para asegurarse el ascenso ante el Celta en la penúltima, aunque ya se celebró una semana antes en un viaje inolvidable a Cádiz.

En el vuelo de ida se palpaba la tensión entre todos los integrantes de la Real porque sabían que se jugaban más que el ascenso. Tras el 1-3 solo había festejo y liberación en el de vuelta. No solo habían conseguido el ascenso, salvaron a su club y se liberaron de esa mochila del descenso que les pesó durante tres años a los integrantes del equipo que lo vivió. Fue una celebración que tuvo su colofón al asegurar el ascenso matemático en el partido siguiente con el Celta en Anoeta con el emotivo homenaje que Gipuzkoa brindó a sus mayores héroes.

Pero ni el ascenso ni el éxtasis que se vivió ni lo que supuso volver a Primera terminó de disipar las dudas sobre esa generación ni apagó el ambiente extraño de Anoeta. Se pedían fichajes, se criticaron decisiones como las de prescindir de Bueno, Lasarte, Rivas.., pero Loren mantuvo la confianza en la generación del ascenso y en Zubieta y acertó otra vez al fichar a Montanier. Con solo tres incorporaciones en sus dos años –Vela, Chory Castro y José Ángel–, trece supervivientes del año del ascenso y con los ascensos desde la cantera de Illarramendi e Iñigo Martínez, la Real se clasificó para la Champions con ocho canteranos en su once básico y otros ocho en la plantilla.

Esta generación no solo logró en un ambiente de desconfianza y de crispación social pasar en tres años del infierno de la Segunda al cielo de la Champions. Económicamente eso se tradujo en un aumento de ingresos que coincidió con un incremento de las cantidades a cobrar por la televisión y a una revalorización de los jugadores que dio decenas de millones con la marcha de Illarramendi, Bravo, Griezmann, Yuri, Iñigo Martínez, Vela y Odriozola. Eso ha permitido que la Real haya sido capaz de solventar la deuda concursal y cumplir el sueño de poder contar con un campo de fútbol sin pistas con dignidad, sin hacerlo como en otras ciudades con una aportación mayoritaria de las instituciones en unos tiempos en los que es una vergüenza destinar al fútbol, con los recursos que tiene, el dinero que debe destinarse a otras necesidades sociales.

Que antes del primer partido en el nuevo campo se viviera un homenaje tan bonito a Imanol Agirretxe debe servir no solo para despedir al usurbildarra, sino para reconocer la aportación y el mérito de una generación ejemplar en todos los sentidos. Mejores personas aún que futbolistas y además con un juego con el que han disfrutado ellos y han hecho disfrutar a los aficionados, con un buen manejo del balón y sin ninguna mala patada, sin recurrir a ese otro fútbol que sí fue necesario en los dos últimos ascensos con otros jugadores. Sin perder el tiempo, ni protestar, ni intentar engañar al árbitro. Han triunfado desde el fútbol deseado por los amantes de este deporte y además han sido sensibles a las reivindicaciones de la sociedad a la que representan.

Por eso el homenaje de Agirretxe debe servir para entender que el nuevo Anoeta, que la fortaleza económica que tiene ahora la Real, se debe en buena medida a la llegada del nuevo Consejo, a la gestión deportiva de Loren, que han tenido que aguantar lo suyo hasta el punto de que el segundo haya salido de una manera vergonzosa del club, pero sobre todo a esta generación que logró el ascenso hace ocho años con el liderazgo de un ejemplo a todos los niveles como Mikel Aranburu.

Lo único que se le puede discutir es que quisiera irse con un gran nivel después de ver cómo los capitanes que le precedieron se marchaban por la puerta de atrás. Había visto salir de Anoeta a un jugador ejemplar de un nivel excepcional como Agustín Aranzabal con una sonora pita con la nariz rota, como éste le decía a su predecesor Aitor López Rekarte “ahora te va a tocar a ti” cuando le cedió el brazalete. Y vaya que le tocó... Aranburu se marchó porque quería despedirse bien después de escuchar pitos porque ya algunos le querían sustituir por un buen jugador, Rubén Pardo, que seis años después aún no ha conseguido ganarse un hueco en el equipo.

Como ha sido otro ejemplo Xabi Prieto. Fue ilustrativa la aportación de su madre en el reportaje que hizo ETB: «Me dijo. Ama yo he bajado y voy a subir con la Real». Y tuvo opciones para salir y el Consejo que tuvo la Real en su descenso se planteó venderlo por la difícil situación económica y el que le sucedió quedárselo para hacer negocio con él y quiso renovar con la Real en Segunda con lo que suponía eso. «Se me mareaba en autobús del Bulebar al túnel del Antiguo y pensaba cómo va a hacer viajes de diez horas...». Pues prefirió hacerlos a base de medicamentos contra el mareo que ir a un equipo que le permitiera volar en Primera. Y decía con esa misma naturalidad que, como a otros tantos, «a Xabi no le han valorado hasta los últimos años». Y es que muchos le daban por acabado hasta que Montanier, un técnico al que la Real debe mucho, le alejó de la banda donde no desbordaba bien por no tener una gran velocidad para que desbordara su talento y calidad por el centro.

Como ha sido un ejemplo para todos los canteranos Agirretxe, que ha peleado cada año con el delantero que se fichaba hasta que explota con Montanier cuando se le negaba que tuviera nivel para ser delantero en Primera. Y eso los tres únicos jugadores de esta generación, que junto a Carlos Martínez y Mikel González, han podido tener una despedida como la que merecían y se ha reconocido, aunque tarde, su aportación. Bueno, ellos y Diego Rivas, despedido como si fuera un crack incomprendido y que estuvo todo el verano sin encontrar equipo y no volvió a jugar en Primera...

Como hubo un clamor popular para que no volviera Asier Riesgo y con 35 años sigue en Primera. Como se fue por la puerta de atrás Eñaut Zubikarai cuando fue el portero con el que subió la Real gracias a que por suerte no pudo fichar a Queco Piña tras lesionarse el debarra y Bravo para el tramo final. Con 34 años ha sido el portero titular del Auckland que ha ganado la Champions League de Oceanía. Con él se marchó sin querer renovar Gorka Elustondo, que jugó 30 partidos, 26 como titular el año del ascenso, por el ambiente hostil que recibía en Anoeta porque no le reconocían el nivel para jugar en Primera y en las cuatro temporadas siguientes solo ha dejado de estar en esa categoría la pasada, que vivió el ascenso con el Rayo.

Como se tuvo que ir por la puerta de atrás Dani Estrada, 17 partidos titular el año del ascenso, criticando incluso que se le renovara después de pasar un año lesionado tras verse forzado a jugar sin estar en plenas condiciones por las bajas de otros compañeros. Tras nueve años en la Real, contribuyó al ascenso del Alavés a Primera. Como Jon Ansotegi y  Mikel Labaka  –que se marcharon tras contribuir al ascenso con 61 partidos y con 18 temporadas en el primer equipo entre los dos a otros equipos de Primera sin tener el reconocimiento que merecían en Anoeta, aunque sí se lo ha dado el club al volver a la estructura técnica. Como se han desvinculado este verano Markel, el eterno discutido, que jugó 19 partidos el año del ascenso y fue titular indiscutible en la Real que se clasificó para la Champions. y De la Bella, titular izquierdo titular en esos dos éxitos...

La historia de la Real deberá reconocer en su justa medida a toda esta generación que, en muchos casos, pudieron jugar en Primera gracias al descenso a Segunda. Pero lo decía Agirretxe en su entrevista a GARA. El paso atrás no solo vino bien para coger impulso a esta generación, también al club para comprobar que no apostó por la cantera como debía en los años anteriores.

Y es bueno que lo sucedido sirva de lección en un campo que permite la entrada a los fondos a muchos abonados jóvenes nuevos que ojalá animen siempre a sus jugadores como en el estreno del nuevo Anoeta. Cada aficionado, como cada periodista, tenemos nuestro gusto y nuestra alineación y la pueden difundir en las redes sociales, a poder ser con respeto. Pero no se puede pitar a un jugador en Anoeta como se ha hecho a estos jugadores. Ni a los de casa ni a Rulli, que parece ahora el culpable de una derrota cuando es un porterazo, gracias a él se sumó la única victoria en Villarreal y las dos acciones que se le discuten el sábado están precedidas de grandes intervenciones. Es una maravilla vivir lo que se vio en el estreno del nuevo Anoeta, con todos los aficionados con su camiseta blanquiazul orgullosos de vestir sus colores. Un equipo plagado de bajas con siete canteranos en el once y con nueve entre los catorce que juegan y es capaz de competir como lo hizo con todo un Barcelona que tuvo que recurrir a los mejores para evitar la derrota. Este club tiene mucho futuro si aprende del pasado. Recordemos lo vivido años atrás y olvidemos los viejos errores en el nuevo Anoeta.



Entrevista a Imanol Agirretxe


«Me siento privilegiado, no tengo razón para quejarme ni sentir nada negativo»


Imanol Agirretxe repasa toda su vida deportiva y su futuro en una entrevista con GARA en la que trasmite felicidad, agradecimiento y satisfacción.

¿Cuáles son los primeros recuerdos de un niño en Usurbil?
Casi todos pasan por el frontón y siempre haciendo deporte. Jugar a fútbol con cuatro jerseys en el suelo como porterías, jugando a raquetas y palas. Todos los recuerdos son en la calle.

Así porcentualmente salen más futbolistas de los pueblos que de las ciudades...
Usurbil siempre se ha mantenido como un pueblo en el que la mayoría de los niños están en la calle jugando. El niño que se mueve y hace deporte puede tener más agilidad, físicamente se desarrolla mejor y eso puede ayudar. Estamos en una época difícil con los adelantos y las máquinas para el disfrute. En esa educación los padres tenemos mucho que enseñar a nuestros hijos para que la educación pase por moverse, por el deporte, por cosas que hagan disfrutar con más gente y en equipo.

¿Cómo empieza a jugar a fútbol en Usurbil y en el Antiguoko, donde ya destacaba mucho?
Empecé en la ikastola Udarregi, íbamos a Urnieta con diferentes ikastolas y ahí el Antiguoko se fija y vamos cuatro amigos de Usurbil creo que en benjamines, que no había Ligas y jugábamos en torneos hasta que en infantiles jugué las dos ligas de Infantil de Honor y en el segundo marqué muchos goles. Teníamos un buen equipo físicamente, había pegado un estirón y cuando estás desarrollado es más fácil marcar diferencias.

Recuerdo ver un Real-Athletic del Liga Vasca cadete con Roberto Olabe en Zubieta que acabó 1-2 con dos goles suyos y me decía que no puede ser que el mejor jugador del Athletic sea guipuzcoano… –Justo en este momento de la entrevista aparece el director de fútbol para saludar a los dos y al recordarle esta conversación insiste en que «tengo claro que los mejores guipuzcoanos tienen que jugar en la Real»–. ¿Cómo un realista juega en el Athletic sus dos años cadete?
Por eso al año siguiente me trajo… Yo soy de la Real de toda la vida, he sido socio, pero el Antiguoko tenía convenio con el Athletic y muchos jugadores iban allí a seguir formándose. En Usurbil teníamos la referencia de Andoni Iraola y David Asensio, con el que teníamos más relación porque venía al frontón y jugaba él solo contra todos nosotros. Con ese espejo tomo la decisión de seguir sus pasos. Hice dos años en los que crecí como jugador, estaba en la selección española haciendo buenos torneos y en la época de pasar del cadete al juvenil el Athletic me hacía una propuesta deportiva, había equipos ingleses interesados en mí y estábamos dispuestos a ir a ver las diferentes oportunidades a Inglaterra y llega la propuesta de la Real. Después de dos años fuera de casa mis padres querían que volviera y cuando vas para arriba piensas ya donde quieres jugar y estar y decidí apartar todas las demás propuestas. Además la Real hacía una apuesta a largo plazo que llegaba a lo que queríamos.

La Real, con Olabe en aquellos años, quería adelantar los procesos, como hizo con Oskitz, y eso no era fácil para los jóvenes.
Mi primer año fue en el juvenil de División de Honor con Javi Zubillaga, el segundo con Gonzalo Arkonada en el Sanse y fueron dos años muy importantes en mi formación como jugador. No todos tenemos el mismo camino, somos diferentes, pero esos dos años me vinieron muy bien. Con 17 años jugaba en Segunda B con gente de 30 y ves lo que es el fútbol de verdad. Con 18 empecé a jugar en el primer equipo, aunque me cuesta asentarme, no es nada fácil.

¿Cómo recuerda su debut en Primera en Getafe con 18 años?
Fue mi primera convocatoria. De repente entras en un mundo muy extraño, pasas de estar con gente de tu edad a un vestuario totalmente diferente. De verlos y animarlos en la grada de Anoeta a cambiarte y jugar con ellos. Fue algo muy especial, bonito, lo disfruté muchísimo porque todos los que estaban en el equipo me ayudaron y me acogieron muy bien. Por eso guardo un recuerdo tan bueno. Era joven y Kovacevic siempre me estaba ayudando. De ese día recuerdo cómo se preocupaban por mi Jauregi, Aitor, Labaka, Aranburu, Gari Uranga... Había mucha gente de casa que habían vivido la misma sensación que yo y sentirte tan arropado y ver que la gente se preocupa de ti es clave.

Y el primer gol con el Málaga la semana siguiente en Anoeta...
Fue un partido muy complicado, íbamos perdiendo 0-3 y para mí era otra oportunidad. Otro sueño más verte con la camiseta que quería jugar y poder marcar el primer gol en Anoeta fue muy especial. No sirvió para nada, pero para mí y mi carrera sirvió de mucho.

Un año después juega el play-off de ascenso con el Sanse...
Esa temporada fue muy buena y disfrutamos. Pasamos muchas dificultades, se nos fue la mitad del equipo desde principio del año, pero conseguimos jugar el play-off y fue una pena no poder seguir adelante con ese gol en el último minuto del Las Palmas.

Y la temporada siguiente en enero sale cedido al Castellón...
Estaba en el Sanse haciendo cositas con el primer equipo. Entendimos que podía ser bueno salir unos meses para volver más hecho. No jugué mucho, no salió cómo todos pensábamos y volví al Sanse y es con Lillo con el que subo al primer equipo. En nuestra cabeza hacemos el recorrido ideal y las cosas ocurren y hay que asimilarlas cuando vienen. He ido haciendo lo que sentía en cada momento.

En Castellón vive un descenso de la Real en 2007 que vino bien a su generación.
Viví el descenso desde la lejanía y, más que a nosotros, a la Real ese paso atrás le ha venido bien. Es negativo un descenso en todos los aspectos, con la ley concursal, pero hizo que la Real apostara por la cantera muchísimo más y esa apuesta nos hizo ver a todos que quizás hasta entonces se apostaba poco. Salió bien y respondimos todos. Tuvimos que aceptar esa responsabilidad, ese reto, ascendimos y en tres años jugamos la Champions y demostramos que la Real tenía mucha fuerza con la cantera. Nos hizo ver que ése era el camino para confiar más en el trabajo que se hace aquí.

Porque parece fácil jugar en la Real cuando es difícil llegar hasta al infantil txiki...
A fútbol juega muchísima gente, en Gipuzkoa sobre todo, y en la Real ir pasando de categoría en categoría es superar un filtro importante. De muchísima gente no es fácil llegar al juvenil o al Sanse, por eso se llega tan preparado. Nadie lo tiene fácil. Es una razón por la que hay que seguir apostando por esa gente. Todos hemos llegado al primer equipo pasando esas fases y que haya tantos jugadores que hayan estado tantos años en el primer equipo demuestra que en los jugadores del filial hay que seguir confiando.

¿Su caso es un ejemplo para la cantera porque tuvo que pelear cada año con un fichaje para ser el primer delantero de casa en triunfar desde Satrustegi?
Analizo mi carrera y estoy contento y que los aficionados o periodistas digáis cosas de ese tamaño a uno le llena de orgullo y se siente agradecido con esa valoración. La Real debe fichar y hacer una plantilla competitiva. Con un delantero centro no puedes llegar a ningún sitio, debe tener dos o tres en una liga tan complicada. Por eso siempre lo he asumido con naturalidad, aunque todos queremos aportar lo máximo y marcar goles.

¿Valora más el ascenso o la clasificación para la Champions?
El año del ascenso empiezo jugando, pero el mister trae a Bueno y juega más, por eso siempre he dicho que como jugador disfruté más el año de la Champions, pero el mejor recuerdo es por el asenso por la emoción que fue para la Real, para Donostia, para Gipuzkoa. Significó muchísimo volver a la élite tras años muy difíciles y después de pasar todo lo que pasó el club. Volver a Primera para todos fue una emoción indescriptible.

¿Montanier fue el primer entrenador en confiar en usted?
El primer día me dijo que no contaba conmigo por la plantilla que tenía. A las dos o tres semanas tenía todo adelantado para salir al Valladolid y me dice que me ha visto entrenar y que voy a empezar jugando. Y así fue desde el primer partido en Gijón, que metí dos goles. Cambió el ritmo de mi trayectoria y empiezo a coger fuerza. Uno valora la sinceridad del entrenador, de decir las cosas como las siente al principio y acabar la pretemporada y jugar... Fue un momento importante para mí en la carrera. Esa temporada y las siguientes fueron muy buenas.

¿No siente que no se le ha valorado demasiado a Montanier?
Fueron comienzos difíciles, era valiente y siempre sincero. Nos dijo que tenía una plantilla y que iban a jugar los que se lo ganaran sin mirar de donde venían. Como muestra puso a Illarra e Iñigo el primer partido. Una gran responsabilidad del éxito de la Real esos dos años es suya.

¿Quién le marcó más Lillo, que lo subió al primer equipo, o Montanier?
Son diferentes. De todos los entrenadores he aprendido un montón. Con Lillo aprendimos muchísimo de fútbol, era una persona que veía muy diferente las cosas. Luego no conseguimos el objetivo, pero tenía una visión del equipo e individual muy especial. Philippe tuvo el don y el acierto de gestionar muy bien el grupo, de exprimirnos a todos, pero de todos los entrenadores he aprendido mucho absorbiendo todas las cosas buenas de todos ellos.

¿Qué supone formar parte de la generación que llevó a la Real de Segunda a la Champions?
Muchas cosas, por un lado el orgullo de sentirte parte de todo esto. De situaciones complicadas hemos llegado al éxito, a poder activar la ilusión de todo el realismo con el equipo. Lo trasmitimos y vivimos unos años muy buenos para nosotros y para el club. Esta generación ha ido de la mano de la trayectoria del club, hemos crecido juntos tanto en resultados deportivos como en formación personal. Son otros los que deberán valorar lo que hemos hecho, pero estos diez años han sido importantes en la historia de la Real.

Y además con un fútbol bonito, sin pegar una mala patada...
Con los últimos entrenadores hemos conseguido hacer un fútbol con el que hemos disfrutado muchísimo. Con Montanier, con Jagoba, con Eusebio, la Real ha hecho un fútbol que ha enamorado a todos y disfrutamos jugando. Cada uno con cosas diferentes, pero la Real ha hecho disfrutar a mucha gente. Lo más importante es que la Real vuelva a disfrutar y a hacer disfrutar a la gente y con Asier tiene que ser el objetivo del cuerpo técnico y jugadores para conseguir eso. Desde la grada poder disfrutar tanto como hasta ahora.

¿Cuantas veces ha pensado en la jugada con Keylor Navas que corta su carrera en su mejor momento?
No le he dado muchas vueltas. Parece que ese día se me tenía que acabar el mundo, pero ese día no lo sabía. Tenía un golpe, debía seguir para adelante. Ha habido mucho camino, muchas lesiones, lo entiendo con mucha tranquilidad como una cosa que pasa. La vida la pensamos como nos gustaría y al final te lleva donde te lleva. Me parece absurdo e injusto quejarme y estoy feliz y orgulloso de todo lo que he vivido. Esta lesión frena mi progresión deportiva, pero la ha acelerado en otros aspectos. Me ha servido para otras cosas. Estoy muy orgulloso de hasta donde he llegado y con la lesión lo que he aprendido para toda mi vida. Me siento privilegiado, no tengo razón para quejarme ni sentir nada negativo.

Trasmite felicidad cuando todos estamos apenados. Parece que se siente liberado de la pelea contra la adversidad ...
La lucha es bonita porque luchas por un objetivo, no luchas contra vivir. Es una lucha para volver a sentirte futbolista, por meter goles... Cada vez que estaba lesionado valoraba mucho todo. No tenía razón para quejarme, quería seguir peleando por algo bonito, valorar lo que tengo y me hacía sentirme tranquilo.
Después de tantos años siendo futbolista, en el momento que decides dejarlo te sientes más tranquilo, te quitas el estrés y la presión que el futbolista tiene con mucha responsabilidad. Si estás lesionado por recuperarte, si estás bien por el partido del día siguiente. Un deportista profesional todos los días tiene presión y cuando decidimos dejarlo te relaja y da tranquilidad. No siento pena porque es una carrera soñada desde el primer día que debuté hasta el último, que espero recordarlo como uno de esos días más bonitos.

¿Qué significa ser homenajeado en el estreno del nuevo Anoeta con el Barça, solo le falta hacerlo de corto?
Es el final soñado a toda la carrera, a toda mi vida. Como aficionado y jugador he visto muchas despedidas y tener la posibilidad de despedirme en Anoeta, sumarle que es el primer partido en el nuevo campo, contra el Barcelona... Me parece tan perfecto, tan bonito, tan soñado que podía ser mejor, poco mejor, pero muy diferente y mucho peor. También estoy muy tranquilo y feliz por cómo voy a dar por finalizada mi etapa, creo que mucho mejor no podía ser.

¿Ante ese rival la gente va a recordar ese gol que dio la victoria ante el Barcelona?
Tengo un buen recuerdo, muy especial y la gente no deja de recordármelo. Podía quitarnos el récord de imbatibilidad, era el día de Donostia, de la izada, y marcar en el último minuto el gol de la victoria fue redondear todo.

¿Qué espera sentir mañana?
Quiero disfrutar cada segundo que esté en el campo y llevarme esas sensaciones y esa ilusión para toda la vida, despedirme de mi gente que me ha dado tanto cariño. Cada vez que he jugado en Anoeta y casi más cuando no he estado, solo tengo palabras de agradecimiento. Sé que soy repetitivo, pero estoy muy agradecido a todos por todo lo que me ha dado la Real, por mi carrera, por todo.

¿Qué va a hacer en el futuro?
En principio seguir en el club. Quiero desconectar de todo esto, asimilarlo. Después veremos donde ve el club que puedo aportar y donde me ve más útil. Yo también me quiero ver en un sitio que esté a gusto y pueda aportar. Donde esté quiero estar al 100%. Tengo una conversación pendiente más adelante con la Real para ver donde puedo formar parte del club. Tengo título de entrenador nacional, pero ahora no me veo en ningún sitio. Llevo mucho años, tengo mucha experiencia, me veo que tengo punch para aportar y enseñar, es lo que siento. Después se ve si vales y como lo haces. Estoy muy tranquilo y tengo muy claro que debo seguir formándome, entro en un mundo nuevo.

¿Y al margen de la Real?
Tengo muchos proyectos. De primeras irme de vacaciones con la familia. Después me gustaría dedicar muchos minutos a la familia, a los amigos y al deporte. He sido un deportista nato y quiero hacer deportes diferentes con tranquilidad y al 100%. Porque cuando al día siguiente tienes entrenamiento o partido no puedes disfrutar de la familia y de los amigos. Tengo muchas ganas de hacer muchas cosas. Físicamente estoy al 100% para hacer casi todos los deportes. Para jugar en Primera no porque las diferencias se marcan del 95 al 100%, pero para hacer todo tipo de deportes sí.

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