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Un modelo turístico que ayude a impulsar el social y el económico

Los vascos somos afrotunados por vivir en un lugar único en el que además de costa tenemos montaña y preciosos paisajes naturales y un clima menos caluroso en verano. Por eso uno siempre ha pensado que debíamos atraer a más turistas que quieran disfrutar en sus vacaciones de lo que nosotros disfrutamos todo el año.

Así nos aportarán la riqueza, sobre todo económica, de un turismo que nada tiene que ver con el molesto que va a Ibiza, Barcelona, Palma de Mallorca o a puntos concretos del Mediterráneo y que puede permitir compensar la pérdida de poder de otros sectores que no pueden competir con la globalización.

A uno le gusta además la oferta de pisos turísticos de plataformas como Aparture o Airbnb, que piden a sus propietarios que cumplan con las normativas municipales. aunque luego no lo hagan. Eso permite que el turismo que llegue a Euskal Herria no sea tan elitista y que muchos ciudadanos vascos normales que no quieren poner en alquiler sus viviendas todo el año por no dejar de disponer de ellas durante cinco años puedan ofrecerlas para uso turístico en épocas vacacionales para que puedan atraer a más turistas. De la misma manera ese modelo nos permite a todos tener más oferta para poder ir nosotros de vacaciones a otros destinos turísticos en unas mejores condiciones.

Conozco personas que están en el paro o no tienen ingresos que se van a vivir con su pareja o con sus padres en verano y alquilan sus viviendas para mejorar su situación económica y poder pagar sus hipotecas. Es preferible que el que quiera y lo necesite pueda alquilar su vivienda a que se construyan más hoteles, con permisos que se obtienen en función de lo que se pague al político de turno y que provoca que unas cadenas hoteleras que no tienen su sede en Euskal Herria alcancen grandes beneficios.

La oferta de pisos turísticos se cifra en algo más de 2.000 en la CAV, la gran mayoría en Donostia, de los que casi la mitad no están registrados y son considerados ilegales. Pero el problema es que no pueden obtener la licencia municipal todos los que quieran alquilar su vivienda porque, por ejemplo, se pone entre los requisitos estar en una primera planta.

En otros lugares se concede el permiso a todo el que lo solicita y eso permite un control a todos los pisos y que así paguen un porcentaje de los ingresos que puede ir del 15 al 30% a las arcas públicas. Si en Donostia todos los apartamentos estuvieran registrados y pagaran lo que les corresponde se ingresarían al año en la Hacienda guipuzcoana muchos millones de euros solo por este concepto, al margen del IVA de todo lo que consuman y del mayor gasto que harán los que alquilan sus viviendas. Por eso cuantos más turistas vengan más movimiento habrá en la hostelería y en toda la economía. No solo de Donostia.

Uno lee que este modelo turístico se basa en la precariedad y es justo lo contrario. Cuanto más se ingrese, más dinero habrá para pagar a los que trabajan en establecimientos de hostelería, se necesitarán más personas y la ley de la oferta y de la demanda hace aumentar los salarios y las cotizaciones de los trabajadores. Sin olvidar que muchos establecimientos o comercios son propiedad de los que trabajan en ellos y sus ingresos crecen cuantos más turistas reciban.

Evidentemente, todo tiene su parte buena y su parte mala. Pero no se puede considerar un drama que haya alrededor de 2.000 pisos que se puedan alquilar a turistas en Donostia en verano. Con una media de tres personas por vivienda son 6.000 en una ciudad en la que viven 186.000. Muchos vascos vamos, por ejemplo, de vacaciones a una localidad en la que durante el año viven 10.000 personas y en verano llega a los 100.000 y los que vamos, como los que vienen a Donostia, no generamos ningún problema a los que viven todo el año, porque no es lo que se considera como un turismo de borrachera. Todo lo contrario, la gente va a descansar y a disfrutar de sus vacaciones de una forma tranquila sin molestar a nadie y busca que nadie le moleste. Y dejamos nuestro dinero y nos dejan el suyo porque consumimos y compramos en sus comercios.

Se responsabiliza a este modelo de turismo del aumento de los precios del alquiler en Donostia, que habrían pasado de 900 a 1.100 euros de media, lo que también implica que lo que ingresa Hacienda por este concepto aumente en la misma medida. Pero si todos los que alquilan sus apartamentos declararan lo que reciben se darían cuenta de que a la mayoría les interesa alquilar la vivienda para todo el año por 900-1000 euros y esa subidas serían menores. Porque el problema siempre es el mismo, que no se declaran los ingresos de todos los pisos turísticos.

Pero si suben los alquileres es porque hay personas que pueden pagar más de 1000 euros por un alquiler mensual a los que la crisis no le has afectado tanto como a la mayoría de los trabajadores que han perdido su capacidad adquisitiva o su empleo. Los que nos sentimos de izquierda deberíamos preocuparnos más de todos éstos que de los que pueden pagar 900-1100 euros por un alquiler.

Ayer en el DV se publicaba que la brecha entre los que más ganan y los que menos se agranda en 24 puntos en Gipuzkoa desde 2008, que el salario de los que más perciben se sitúa 63,3 veces por encima de los que reciben la menor retribución y que los ingresos de quienes menos cobran se han reducido un 38,9% en los últimos ocho años al pasar de los 1.393 euros de antes de la crisis a los 851 del año pasado.

Aquí es donde hay que situar el debate. Y lo triste es que durante todo el verano a EH Bildu, que demostró en Gipuzkoa que se podía aumentar los impuestos a los que más cobran y aumentar la recaudación, que incrementó el gasto en las políticas sociales porque puso a las personas por delante de las constructoras, que redujo los sueldos de sus cargos públicos, se le coloca ahora como protagonista en la polémica absurda que se ha generado con el alquiler turístico cuando el gran problema es que las políticas de la derecha española, con la reforma laboral, y de la vasca, que le apoya en Madrid, han provocado que la desigualdad sea cada vez mayor y los salarios cada vez menores.

Por eso el debate no debe plantearse en el modelo turístico, que cuanto más dinero llegue por esa vía será mejor para que aumenten los salarios y los puestos de trabajo y para poder aplicar medidas sociales y económicas. Para ello es necesaria la independencia económica y política, pero hace falta más dinero para poder ofrecer un trabajo digno a los jóvenes, para que haya una renta básica para todos los que no puedan acceder al mercado laboral y se les acaba el subsidio de desempleo y para que se mantenga la capacidad adquisitiva de las pensiones sin retrasar la edad de jubilación, por lo menos de manera obligatoria.

Porque con una jubilación voluntaria a los 60-65 años habrá más puestos de trabajo y si a los que buscan empleo se les da una renta de 500 euros difícilmente van a trabajar por 800 y así subirán los salarios y con ellos las cotizaciones. Y para toda esta política social hace falta dinero. Y si viene del turismo y de una creación de empleo en unas condiciones dignas, mejor que de unas subidas de impuestos que la derecha, la vasca y la española, siempre aplica al conjunto de los ciudadanos, a los que menos cobran.

Porque lo triste es que se hable del turismo poniendo un papel a EH Bildu de estar en contra de él y de la opinión generalizada, porque la mayoría de los guipuzcoanos quieren que vengan mas turistas, y no, por ejemplo, de que el PNV anuló al recuperar la Diputación de Gipuzkoa la reforma fiscal por la que más pagaban los que más cobraban. Y ahora incrementa los ingresos a costa de subir los impuestos con unos cambios en la declaración de la renta que nos afectan a todos.

Y no se habla del interés del PNV de que el dinero público vaya a unas pocas constructoras y no al conjunto de los ciudadanos, ni de las grandes subidas de sueldos de sus cargos públicos cuando la izquierda abertzale reducía los suyos… Lo triste es que embestimos al capote que le interesa el PNV para evitar que se hable de lo que nos preocupa a la gran mayoría.

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