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Espías en el desierto (2)

Espías en el desierto (2)

32 años después de aquel momento en la cafetería, tengo delante a Ahmed. Me doy cuenta que lo que muchas veces he oído como una de las mejores redes de espionaje del siglo XX era cierta. Era demasiado inverosímil para ser cierto, por eso a muchos periodistas se nos escapó. Sin embargo la prueba palpable la tenía delante de mí, así, de sopetón y sin saber muy bien porqué ni cómo. Tenía ante mí a un héroe de la resistencia sahraui. Un antiguo “desaparecido” que pudo sobrevivir para contarlo. No sólo sobrevivió sino que hizo que sus camaradas de esta magistral obra de arte no cayeran junto a él al ser descubierto.


“El método siempre tiene que ser sencillo” explica. “Tiene que serlo porque cuanto más complicado sea más posibilidades le das al enemigo de ser descubierto. Yo nunca he sabido quiénes éramos los integrantes de esta red. Cada uno de los miembros sólo podía saber su antecesor y su predecesor. Nadie sabía quién lo había organizado. Nadie preguntaba más allá de lo que le correspondía. Pude haber escondido mi militancia en el Polisario en los territorios ocupados a quienes también eran parte de la red que espiaba a los altos mandos políticos y militares marroquíes. Nunca lo he sabido. Nadie sabía nada más allá de lo que le correspondía saber. La gente actuaba por fe y por una convicción. Sería de los pocos que tenía acceso a la información, saber qué se mandaba y no sólo el cómo. El resto sólo lo transportaba. Era tan sencillo que a los marroquíes ni se les ocurrió. Sabía que funcionaba porque cuando oía que en este o aquél lugar se llevaría a cabo una operación tal veía que el Polisario actuaba sabiendo, sin pillarle por sorpresa y a contragolpe” ríe Ahmed. “Se volvían locos y durante años pensaron que eran muchos más los guerrilleros de lo que eran en realidad. Llegaron a encargar aviones a los franceses con infrarrojos para ciertos sectores, pero no encontraban nada. Yo lo sabía y me divertía mucho”


Ahmed da sorbos ruidosos al té saharaui. El hombre ha llegado al local que tiene AFAPREDESA en Rabouni, la capital administrativa del Polisario en los campamentos saharauis. Ha llegado para ser entrevistado como desaparecido durante casi más de 20 años en las cárceles secretas marroquíes. Pero pronto el guión de la entrevista preparada se queda pequeña y desfasada. Le haría mil preguntas a la vez.


“Antes de comenzar a ser parte de la red yo ya sabía de comunicaciones, de radio y de otras cosas necesarias. Ya en la guerra me hicieron prisionero los marroquíes cerca de Boujdour, cuando todavía no existía el muro. Me torturaron día sí y día también, igual que a mis camaradas. Unos no lo pudieron soportar y murieron. No era cuestión de ser más o menos fuerte, sino de tener suerte o no. Suerte a que te tocara uno que no fuera tan duro como otro torturando. Piedad no mostraba ninguno de ellos. Lo hacían por gusto. Eran malos. En el año 79 se me acercó un teniente del ejército marroquí que sabía que yo había trabajado para los españoles en comunicaciones y que tenía formación. Me dieron para elegir entre seguir en la cárcel o trabajar para el invasor. Yo decidí hacer lo segundo pero con la mente puesta en buscar la manera de ayudar a los míos. Allí, en la cárcel, dejé a muchos camaradas. A ninguno le he vuelto a ver, tampoco he oído nada sobre ellos. Muchos familiares me han preguntado por sus seres queridos que compartieron celda conmigo. Les digo que yo en el 79 les dejé de ésta o aquella manera. No puedo decir más porque ya han pasado casi 35 años (la entrevista se realizó en el año 2016).” se lamenta Ahmed.


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