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La incomprensión mutua entre el Oeste y el Este de Europa, el brexit como enésimo capítulo

No es nueva la falta de comprensión de las tendencias políticas o sociales que ocurren en los países del este de Europa por parte de los europeos occidentales. Algunos siguen percibiendo esos territorios como “commies” -manera coloquial de referirse a los comunistas, a los rojos, durante la guerra Fría-, otros como dictaduras represivas en contraposición con el mundo libre, el nuestro -otra reminiscencia de tiempos mejores-, otros los ven como un agujero negro de la corrupción -por que claro, no se puede comparar con lo nuestro, que nosotros no tenemos-, y algunos tópicos más por el estilo.

Sin embargo, la realidad es que hay bastante gente, bueno, quizás no tanta, pero la hay, que se dedica a estudiar lo que ocurre en esos países y a comprenderlos. Los medios intentan tirar de expertos, aunque es una tendencia que disminuye ante la ofensiva de la todología (un cordial saludo aquí a muchos tertulianos!). Y por ello cierta información sobre esa Europa del este de una manera u otra le llega a la sociedad de la parte occidental del continente. La cual, hay que decirlo, tampoco es que esté demasiado interesada en según que países y según que tópicos. Interesa de vez en cuando; unas protestas, un campeonato de fútbol, un buen lugar para hacer turismo, y parecidos y derivados de los anteriores.

La situación cambia drásticamente cuando es al revés, cuando son los europeos del Este del continente se interesan por el Oeste. Ellos perciben esa parte occidental como el espejo en el que deben mirarse, lo que ellos desean ser, ese “sueño Europeo” de prosperidad. Coche, casa, trabajo estable, sanidad pagada por el estado, jubilación decente, etc. Por ello, cuando ocurren hechos como el Brexit, los europeos orientales quedan en posiciones bastante descolocadas.

Imaginaros que lleváis horas, que cojones, días o incluso semanas haciendo cola para entrar en el local de moda, y cuando acabáis de entrar (como Polonia, Chequia, Eslováquia, etc), o muchos países ni eso, siguen haciendo una cola indefinida (como Ucrania, Moldavia, Georgia, etc), uno de los famosos del local, una de la razones para entrar, aquello de “codearme con las estrellas”, se va. No solo se va, lo hace pegando un portazo, y veis en el efímero espacio que os deja la puerta al abrirse y cerrarse después que otros que están dentro tampoco es que estén demasiado contentos. Y vosotros allí fuera, ni siquiera en el local, fuera, esperando. Pues te quedas con cara de tonto, y eso no gusta. 

Por todo ello, a raíz del Brexit, veo que la incomprensión de las tendencias políticas, sociales o incluso culturales que ocurren en Europa occidental por parte de los europeos orientales es mayúscula. Sus políticos y todólogos, en aquellas tierras suele ir casi de la mano, pasan por los típicos estados de la irá o la negación. La gente se empieza a preguntar cosas un tanto incómodas, cómo puede ser que un gobierno tras otro -algunos llevan con la canción casi 20 años- nos esté llevando hacia la Europa soñada, y esa Europa de repente se tambalea y no es ese Edén que esperábamos? Como puede ser que el proyecto común no guste a parte de los europeos?

Hablando con ucranianos, georgianos, polacos o rusos sobre el Brexit, y otras tendencias de nuestra sociedad, uno a menudo, demasiado a menudo, se da cuenta de que su visión sorprende por ingenua, por idealista. Ellos nos ven de una manera de la que no somos, nos idealizan, pero también ignoran nuestras realidades que vayan en contra de su idea de nosotros y del futuro que quieren. Ello ocurre por su alto grado de desconocimiento de lo que realmente ocurre en Europa occidental. Esa incomprensión sigue allí, y por mucha era de la información que vivamos, no parece que disminuya, sino va en aumento. Así es difícil, o incluso imposible, hablar de un proyecto europeo común a la larga. Simplemente, no nos conocemos.

Por otro lado, a muchos les es difícil admitir que las ideas de izquierdas sigan vigentes, que el capitalismo tal y como lo practicamos no es la única alternativa. Por ello, su cultura política queda en cierta medida estancada en un debate sobre un deseo de futuro que realmente: A. no existe tal y como ellos creen, B. aun existiendo la situación actual, tampoco pueden llegar a ella. Algo no tan distinto ocurrió en la Rusia imperial, de allí nació el experimento de la URSS. Esta vez, me da que en muchos países como Polonia, Hungría, Ucrania, Georgia y quizás en cierta medida Rusia, la cual quizás si esté tomando un camino propio, aunque sea a empujones, el experimento que puede nacer será bastante más preocupante.  

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