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De las palabras a la imagen, «mundo quieto, tiempo quieto»

Dicen que el centro es el lugar común entre la izquierda y la derecha. No veo diferencia entre esa definición y la nada. Nos hemos  acostumbrado a que el pensamiento ultraconservador se adueñe de términos que hasta hace no tanto se creían reservados a otras definiciones políticas y, desde que el nazismo utilizara el lenguaje como herramienta para inocular veneno en las masas, la batalla de las palabras dista mucho de ser trivial. Quien domina las palabras y se apropia de su significado para retorcerlo, impone su forma de afrontar el presente y el futuro. En ese lugar común de la izquierda y la derecha, en esa nada, se arremolinan todos los eufemismos que enmascaran la realidad. El «impacto asimétrico» es el aumento de la desigualdad; los «signos de estado de necesidad» son la pobreza, el «copago farmacéutico» es pagar por partida doble y la «crisis» es el saqueo.

Si la vida es puro teatro, la política es pura ficción pero en escenarios tangibles. En ocasiones, es lo único que le otorga la dosis de realismo necesario. Y sumergidos como estamos en plena era audiovisual, la iconografía de la imagen adquiere importancia sublime. Porque la política, a la vez, puede significar todo y no significar nada. Por eso el heredero moderno del pensamiento que en su día provocó la muerte de los abogados laboralistas a quienes el pintor Genovés homenajeó con una versión de su pintura, puede posar sin contradicción alguna ante ese cuadro.

Las mentes preclaras dejan como legado frases que no mueren con la historia. En "Las venas abiertas de América Latina", Galdeano lo dejó dicho: «La derecha elige el pasado porque prefiere a los muertos: mundo quieto, tiempo quieto. Los poderosos, que legitiman sus privilegios por la herencia, cultivan la nostalgia». (Foto P. Marcou/AFP)

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