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Inteligencia artificial

Hace ya tiempo que se presentó un programa informático dotado de vocabulario, lenguaje y giros narrativos de grandes escritores. El usuario elegía perfil de los personajes, trama, tiempo y lugar y en tres días fabricaba una historia. Fácil pero previsible. Tanto que lo peor era el título de la novela:  "Amor verdadero". Decepcionante para un algoritmo inteligente.

Pero la técnica avanza y una novela escrita a medias entre un ser humano y un programa de inteligencia artificial acaba de superar las fases de selección de un importante premio literario en Japón. No lo ha ganado, pero cualquier día pasa. La agencia Associated Press ya utiliza una aplicación para crear artículos periodísticos sobre resultados fiscales de compañías y hay una red que genera diálogos de la serie Friends a partir de los episodios originales. En Twitter, Samsung da la opción de crear un libro con tus mejores twits. Mi novela twitera se llama. Muchos se han emocionado. Esto debe ser la inteligencia artificial.

No sé de qué me sorprendo. Al fin y al cabo, todos somos un poco algoritmo, una sucesión más o menos afortunada de operaciones sistemáticas. A veces, simple combinación de palabras colocadas en su justo orden, lo que puede dar como resultado una novela o un discurso político. Que el relato sea bueno o inteligente el discurso es ya otra cosa. Esta misma semana, la directora de Derechos Humanos en la Comisión para la Igualdad de las Juntas de Gipuzkoa activó su algoritmo discursivo al responder sobre las medidas que iba a adoptar para evitar la discriminación de la mujer en los Alardes de Irun y Hondarribia. Así supimos que para diseñar el necesario plan de acción, hay que partir de un estudio cualitativo, que explique las razones del origen y transmisión del conflicto, un diagnóstico que deberá hacer una evaluación de las acciones realizadas. La aplicación del estudio nos dará las bases sobre cómo debemos actuar y dónde incidir. Acabó y se quedó más contenta que la sevillana del whatsapp. No será inteligencia artificial, pero tampoco es muy natural.

Y ya puestos, por si no se han dado cuenta, les diré que este artículo no lo he escrito yo. El texto predictivo del ordenador lo ha decidido por mí. Había pensado hablar de otra cosa. Inmigración era la idea. Pero al teclear «in», el programa ha sugerido «inteligencia». No me he resistido al puñetero algoritmo. Luego, el móvil –o su memoria, no sé– ha colocado artificial como opción asociada. Y aquí estoy. Creyendo que escribo sobre inteligencia artificial sin saber nada de algoritmos. De la misma forma que combina palabras la directora de Derechos Humanos.

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