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La felicidad en un instante

Medio segundo antes o después, la imagen sería otra. Esta capta el instante preciso. Sin mostrarlo, contemplas un abrazo inmenso. Sin saberlo, sabes que es un abrazo de años. Sin conocerles, tienes la certeza de que ese abrazo funde un vínculo sagrado en una larga cadena de generaciones.

Los brazos de él se estiran al máximo, se alargan en movimiento urgente como queriendo llegar lo antes posible, las manos se abren al límite, el cuerpo toma forma de arco acogedor y desde las entrañas brota un grito de jubilosa supervivencia que se ve y se escucha. La expresión de la mujer habla por sí sola: he vivido esperando este momento y ahora estás aquí.

Si la felicidad es un instante, está en esta fotografía. Y si la eternidad es visible, también está ahí. En la explosión del reencuentro encendida al unísono en ese hilo que enlaza generaciones invisibles en un país de cárceles y exilios.

No sé qué pasó con el ramo que sostiene la tía del director de Egin, Jabier Salutregi, en el recibimiento al sobrino tras su regreso a casa. Poco importa. Frente a tamaña intensidad humana los objetos dejan de tener significado.

Como el resto de la gente que asiste a la escena, yo tampoco me resisto a la magia de esta imagen de Luis Jauregialtzo para inaugurar el blog. Además, observar la felicidad nos hace felices. Por eso la he traído aquí.

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