09/06/2019

Recorrido
IKER FIDALGO ALDAY
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El arte, como la vida, no es un territorio estanco. Posee una relación porosa con el momento al que pertenece, pues de él surge y a él se dirige. La creación es entonces una manera de contar la vida y, en definitiva, de ser parte de ella. Si bien la historia del arte es de por sí una disciplina que analiza y organiza los discursos de lo artístico, el pensamiento cultural es inherente a muchos otros lugares de estudio, tales como la filosofía, la sociología o el análisis de la cultura contemporánea. El dispositivo expositivo funciona entonces como una herramienta escenográfica en la que los elementos se disponen para ser vistos.

Esta descripción, que simplifica cualquier comprensión de lo expositivo como un lugar vivo o de experimentación mucho más amplio que la mera contemplación, responde sin embargo a una lógica público/obra que sigue instaurada en el imaginario habitual. Desde este lugar, proponemos hoy dos reseñas en las que su visión retrospectiva nos invitan a recorrer un camino muy concreto. Desde cada uno de ellos podemos visitar lugares que nos permiten adquirir una mirada periférica al transcurrir no solo de una carrera o de una trayectoria, sino de varios momentos del arte que son determinantes en las maneras de entender la cultura actualmente.

El pasado 17 de mayo, el Museo Guggenheim de Bilbo inauguró la que será una de las exposiciones programadas para este verano: “Lucio Fontana. En el umbral”, que se extiende hasta el 29 de setiembre, se centra en Lucio Fontana (1899, Rosario, Argentina - 1968, Varese, Italia), quien fuera una figura de gran relevancia para la evolución del arte contemporáneo durante la primera mitad del siglo XX.

Si bien una de sus creaciones más icónicas y conocidas fue cuando rasgó un lienzo monocromo en 1958, la muestra nos propone un recorrido desde 1931 que incluye esculturas, pinturas y una amplia reflexión sobre la plasticidad de la creación artística. Por tanto, si la presencia de la factura formal, los materiales o la textura son indiscutibles protagonistas de su legado, conceptualmente existe un poso que sustenta toda su creación y que no es eclipsado por la presencia de lo matérico.

Un ejemplo de este equilibrio lo vemos en piezas como “El fin de Dios”, lienzos ovalados cuyas superficies perforadas aluden a la grandeza y el origen del universo y a la sensación de vértigo que provoca la observación del espacio. A destacar sus “ambientes espaciales”, en los que la creación escultórica se centraba en la cuestión espacial que rodea al espectador, diseñando desde lo lumínico una capa más allá del objeto escultórico e incidiendo en el propio lugar que se atraviesa y se vive.

“Lantegi” es el título de la muestra que la sala Kubo-kutxa, situada en el paseo de la Zurriola de Donostia, albergará hasta el próximo 25 de agosto. José Ramón Anda (Bakaiku, 1949) nos conecta, ya desde el título, con una idea de proceso escultórico y de relación con los materiales y el trabajo. En los diferentes pisos que conforman el espacio de la sala, se expanden 91 piezas de diferente índole que han sido recopiladas gracias a la colaboración de varias instituciones como el Museo de Bellas Artes de Bilbo o la Diputación de Gipuzkoa entre otras. La madera de roble destaca como material principal, en una relación con el elemento que nos conduce a la relación poética entre la naturaleza y las piezas de troncos vaciados que, después de muertos, adquieren la vida eterna que les confiere su nueva condición de objeto artístico. Así mismo podemos encontrar trabajos tan dispares como retratos modelados de corte realista o proyectos realizados en bronce o en mármol.