Imanol Intziarte, fotografía: Conny Beyreuther
Entrevista
oskar astarloa

«Llegué al rugby de rebote, me enganchó, llevo 30 años y no pienso dejar de estar vinculado a él» - Oskar Astarloa

La retorcida y achatada forma de su nariz cuenta que su dueño la ha metido en lugares poco recomendables. El enorme tamaño de sus manos deja adivinar que los de enfrente también se llevaron lo suyo. Oskar Astarloa, nacido en 1974, suma más de un cuarto de siglo vistiendo algunas de las camisetas con más solera del rugby vasco, tanto al norte como al sur del Bidasoa. La de 2019-2020, en las filas del Hernani, ha sido su última campaña en División de Honor. A sus 45 años, que serán 46 en setiembre, estaba decidido a colgar las botas, pero este final tan abrupto debido a la pandemia han sembrado un signo de interrogación en sus planes. 

Nació en Eibar pero residió sus primeros años en Elgoibar, hasta que su familia comenzó a regentar un restaurante en el alto de Kanpazar. A partir de entonces, el colegio, las amistades y su vida se enfocaron hacia Elorrio, que ha sido el campo base desde el que ha recorrido miles de kilómetros para entrenar y jugar. Todo ello compaginado, salvo alguna temporada, con un trabajo relacionado con la explotación forestal.

¿Cómo empezó a practicar este deporte?

De rebote. Yo practicaba otros deportes. Tendría 15 o 16 años cuando una tarde vinieron unos amigos del instituto diciendo que se habían apuntado a jugar a rugby, que yo también me tenía que ir a entrenar, que tenía que probar.

En ese momento ya estaba jugando mi hermana, que empezó antes que yo. Había ido a ver algún partido, pero sin mucho conocimiento. Probé, me gustó, hicimos un equipo con los de la cuadrilla y algunos más que se sumaron. Recuerdo que vinimos a Hernani con el Elorrio. Nos metieron 80 puntos, pero teníamos ilusión.

Antes se empezaba casi siempre porque había un amigo del instituto o la universidad que te convencía para probar. Ahora se pueden dar los primeros pasos mucho antes, desde los 8 años, en las escuelas de los clubes…

Ha cambiado mucho. Con el ‘multi-kirola’ de los colegios tienen la opción de probar más deportes. Antes en Elorrio era las chicas, balonmano y los chicos, fútbol. Ahora no. Y, si pruebas, el rugby engancha. Es un deporte de contacto que puede jugar cualquiera.

En el rugby todos valen, igual eres torpe con los pies pero tienes habilidad con las manos. Si eres un ‘morroskillo’ en el fútbol no vas a llegar, no vas a disfrutar, pero aquí puedes aprovechar tu fuerza, y con esas edades sentirse valorado es importante. 

Uno de los hándicaps es el temor al contacto físico, el placaje, las caídas. No solo por parte de los niños y niñas, sino a veces incluso más por parte de sus padres y madres…

El empezar con 8-10 años no es lo mismo que empezar con 16. Los pequeños se caen al suelo, se levantan y siguen, es mucho más fácil y así aprenden.  

Es uno de los técnicos de la selección española sub 18. Comparando estos chavales de 17 años con los chavales de 17 años de cuando comenzó, allá por principios de los noventa…

No tiene nada que ver, vienen ya de clubes con buenos entrenadores, con un plan de juego, con un sistema. A nosotros nos decían algo de eso y no sabíamos ni de qué nos estaban hablando. Es gente que tiene muy claro lo que quiere.

De Elorrio dio el salto a Getxo.

Jugué el primer año de senior en Elorrio. Entonces el Xerox Getxo era un equipo potente, y yo me veía allí, entrenaba para eso. Acabó la Liga, se jugaba la Copa, y los equipos de División de Honor podían fichar jugadores de categorías inferiores. Y fui con el Getxo a disputar la Copa contra Alcobendas. Jugué entre poco y nada, perdimos y para casa, pero al año siguiente ya debuté en División de Honor.

Y entró en otro mundo. De jugar con el equipo del pueblo, con los amigos, se pasa a los largos viajes, muchas horas, y así durante 25 años. Eso son muchos kilómetros…

Sevilla, Barcelona, Valladolid… viajes de todo el fin de semana. Dos años hice en Getxo. Me lesioné y volví a Elorrio a jugar un año. Habían ascendido a División de Honor B, que entonces creo que se llamaba Primera Nacional. Anduvimos muy bien.

Aquel año se jugó el primer partido de rugby en Anoeta, Euskarians contra Irlanda del Norte. Estaba allí Peio Dospital, en aquel entonces presidente del Aviron de Baiona, y me insistió en que tenía que ir. También entrené un día con Biarritz y estuve con Serge Blanco. Biarritz estaba en la primera división y Baiona, en segunda –lo que ahora se llama Top 14 y Pro D2– y el salto desde Elorrio a la primera francesa me echó para atrás. Si hubiese ido seguramente habría jugado, era más fácil también, era otra época, el profesionalismo no estaba tan metido. Pero decidí ir a Baiona, pensando que ‘si juego aquí ya tendré tiempo de subir’. 

Hice tres años allí, justo antes del Mundial de 1999. Y después fui a Donibane Lohitzune, que estaba en Federal 1, la tercera categoría. Aquellos fueron tres años muy buenos, estuve de capitán, con mi súper francés (risas).

Baiona subió, y tuve la opción de volver. Había que llegar a seis partidos jugados para tener contrato profesional. Me fui a la aventura, jugué esos seis y algunos más, me hicieron contrato profesional y debuté en el Top 16. Firmé por un año más y luego ya no me renovaron, pero fue una experiencia muy buena.

Hice unas pruebas en Pau, pero el Ordizia me andaba diciendo todos los años para ir allí y fiché con ellos.

Ha mencionado una lesión en Getxo. Por su naturaleza, el rugby es un deporte que exige al cuerpo: golpes, choques, cambios bruscos de ritmo y dirección, superficies irregulares… ¿Cómo le ha ido?

Bueno, han sido cuatro operaciones en treinta años, tampoco es que sea… El metacarpiano de la mano izquierda podía haber pasado sin operar, pero era antes del Mundial y haciéndolo me recuperaba antes.

La nariz también la tengo operada, y no para ponerme guapo. «No sé cómo puedes respirar», me decía la que me operó. El pómulo, por un puñetazo; y el menisco, aunque cuando abran eso habrá más. Tengo los dos acromios –en los hombros– fuera de su sitio. Pero para tantos años que he estado no he pasado mucho tiempo lesionado, y he jugado siempre mucho.

El año pasado jugué en Hernani toda la temporada y nada, y luego fui a jugar con veteranos y me lesioné. Tienes que estar preparado siempre.

Ha comentado de pasada lo del Mundial. Es el único de aquella selección española que sigue en activo. ¿Qué recuerdos tiene?

Fue muy duro llegar, en un España-Portugal nos sacaron una tarjeta roja en el minuto 15 y tuvimos que jugar con uno menos. Pero conseguimos ganar y clasificarnos. Teníamos en el grupo a Sudáfrica, Escocia y Uruguay. El objetivo era hacer un buen papel y ganar a Uruguay, pero en melé anduvimos bastante fojos y nos ganaron.

Han estado repitiendo por la tele esos partidos y se me ponían los pelos de punta viendo el España-Sudáfrica que jugamos en Murrayfield (Edimburgo). Aguantamos 20 minutos el 0-0 e incluso tuvimos la opción de ponernos por delante. Fue un sueño ir al campo escoltados por la Policía, con la gente por la calle, cómo lo vivía. Nosotros y los de Uruguay éramos todos amateurs, y estábamos jugando contra Sudáfrica y Escocia, grandes potencias mundiales. Creo que hicimos un buen papel, lo dimos todo, pero estábamos a años luz de su nivel.

Dos años más tarde, en 2001, disputó en Argentina un Mundial de Seven, cuando aún no era una modalidad con tanto eco como ahora.

Fiji, Nueva Zelanda, Australia o Sudáfrica tenían buenos equipos de Seven, otros como Escocia o Inglaterra no le daban mucha importancia. A los primeros les ganamos en Madrid durante la fase de clasificación, y a los ingleses, en el propio Mundial. Teníamos un buen grupo y no nos clasificamos para la Copa de Oro –cuartos de final– porque perdimos contra Japón por un ensayo con el tiempo cumplido.

Hubiera cambiado mucho, entrar entre los ocho primeros servía para clasificarse para el siguiente Mundial y se hubiera metido más dinero, como se ha metido ahora. A mi personalmente el Seven me gusta, es dinámico, hay juego…

Volviendo al día a día, lo habíamos dejado en Ordizia…

Cuando yo llegué era un equipo con mucha gente de la casa. Se subió arriba y ficharon a tres o cuatro jugadores. Entonces éramos un poco como estos años el Hernani, un equipo recién ascendido de lo más flojito, y lo que ahora es Landare entonces era Trevijano, con el público muy cerrado, equipo peleón hasta el final. Conseguimos mantenernos en los tres años que estuve y luego se han consolidado, hicieron más fichajes, están trabajando bien la cantera.

De Ordizia a Bera Bera (Donostia), entonces en División de Honor…

El primer año bajamos. Luego hubo algún equipo con problemas económicos, compraron la plaza esa para mantenernos, pero volvimos a descender. Iba a seguir otro año, pero la gente con la que yo andaba se había marchado, fui un par de entrenamientos y les dije que no iba a seguir. Llegó setiembre y no tenía equipo, pero finalmente fiché por Gernika.

Con los «basurdes» llegaron a jugar competición europea…

Estuve cuatro años, dos de ellos como entrenador-jugador. Les ganamos dos partidos a los italianos de Rovigo, jugamos contra Perpignan y Gloucester, una buena experiencia.

¿Cómo se lleva ser a la vez entrenador y jugador?

Tampoco estás solo, tienes algún ayudante. Pero yo creo que veía bastante, estuve también así en Durango y siempre hemos hecho un buen papel. Seguro que siempre hay algo que se te pasa, pero también a los que están viendo el partido entero.

Hace unos años le preguntaron a Fernando Hierro si se iba a convertir en entrenador como Guardiola, y respondió que Guardiola ya era entrenador cuando jugaba. A mí también siempre me ha gustado estar ahí hablando, organizando, intentando corregir…

En Durango bajó de categoría y volvió a estar al lado de casa…

Hasta me daba tiempo a ir al Eroski a hacer las compras (nuevas risas).

Y acaba, de momento, en Hernani. Otra vez en División de Honor.

En Durango la directiva tenía un planteamiento y nosotros lo veíamos de otra manera. Al final no seguimos y decidí llamar a Poli (Patrick Polidori, entrenador del Hernani) porque yo había jugado con él en Baiona. La idea era hacer un último año en División de Honor y terminar, pero entre que empecé tarde, que empezamos ganando… se me pasó sin enterarme. Y mi mujer no puso muchas pegas para seguir otro año…

Esta última temporada no ha sido buena, descolgados en la clasificación y al final descendidos en los despachos, aunque en el campo salvarse era ya una tarea casi imposible…

Ya sabíamos que había muchas bajas, que iba a ser complicado. Pero queríamos terminar, jugar los últimos partidos… Dejarlo así es una situación un poco triste. En pocas ligas han hecho esto, no ha habido descensos. ¿Y por qué sube el Getxo y el Jaén no, estando empatados a puntos? ¿O el Gernika? Para mí no tiene mucho sentido. ¿Que estaba claro que teníamos todos lo boletos para bajar? Sí, pero quería jugar esos cinco partidos, agur y ya está.

Ha mencionado a su mujer. Tiene una hija y un hijo. Toda la semana trabajando y entrenando, muchos fines de semana fuera… ¿Cómo lo llevan, cómo se compagina?

Intentando organizarse. Yo les llevaba a las mañanas a la escuela y estaba ese rato con ellos. Y los días que no había entrenamiento también a las tardes. Mi mujer ha sido jugadora de balonmano, conoce lo que es el deporte. La mayoría de los partidos que hemos jugado aquí los han venido a ver, les gusta, conoces gente, haces un montón de amigos.

¿Cuál es su puesto favorito?

De ocho (es el que cierra la melé), he jugado mucho en ese puesto. Pero no de los de ahora, que esos pasan mucho el balón. He jugado también de segunda línea y de tercera, depende del entrenador.

¿Cómo ve el futuro del rugby en estos lares?

Si gente que habitualmente no ve rugby va a ver un partido y ve al árbitro todo el rato pitando, a los jugadores que no hacemos lo que tenemos que hacer, al final 20.000 golpes de castigo… Lo que interesa es que haya fases de 2-3 minutos, que se vea juego, relanzamientos, y por la tele.

Empezaron con Teledeporte, pero de nuevo lo han cortado. En ETB antes también se hacían programas, “Laugarren denbora”, estuvieron conmigo en el monte viendo mi trabajo, el entrenamiento, el partido… Pero cuando cambia la política y entra uno que no le gusta el rugby y que, por ejemplo, le gusta la pelota, pues quitan eso y hacen programas de pelota.

El nivel del arbitraje para mí también es muy importante; ves los partidos de aquí y al final melé, melé, melé. Recuerdo un torneo que jugamos en la playa de Gros, el Memorial Iñaki Arana, venía Atorra (el árbitro guipuzcoano Iñigo Atorrasagasti) y ‘piiiii’. ¿Tú crees que la gente que está ahí quiere ver nuestros culos en la melé? Pasas un poco el balón al límite, un poco para adelante o igual ni era avant. Deja jugar, la gente lo que quiere ver es correr.

Para eso también es necesario que mejoren las habilidades de los jugadores.

Ahora se juega mucho más tiempo real del que se jugaba antes, pero todavía nos falta. En Iparralde tienen más rugby. Bueno, en los niveles de arriba, que luego abajo hay de todo. Hay que jugar contra esos equipos, hace tres años jugamos con Durango contra Senpere y contra Boucau. Vienen aquí y ves gente pequeña y piensas «les vamos a ganar». Hasta que te empiezan a mover el balón y ni les hueles. Hay que conocer ese rugby, la forma de trabajar que tienen.

¿Qué le da el rugby para mantener las ganas después de tantos años?

Un jugador inglés respondió en una entrevista que el rugby es como una droga. Para mí es así, clavado. Empecé a ir sin conocerlo, sin saber nada, pero me enganchó, llevo treinta años y no tengo intención de dejar de estar vinculado a él. No hay dinero para pagar toda la gente que he conocido, todos los amigos. Vaya al campo que vaya, me saludan, conozco a gente. El tercer tiempo, hablar con el contrario, con los árbitros, va todo unido. Me gusta que los equipos se mezclen. He jugado con muchas selecciones, partidos de nivel…