08/04/2015

Koldo CAMPOS
Escritor
Independencia

Basta que un mudo la murmure de espaldas para que se agiten sus señorías en las audiencias, los honorables en el Congreso y los nostálgicos en sus trincheras. Y la verdad es que sorprende que un concepto tan hermoso provoque tantos respingos, tanto espanto.

Al margen de su virtud, que quien no la festeja solo aspira a poder celebrarla alguna vez, «independencia» es uno de los conceptos mejor relacionados y hasta el diccionario la vincula con otros valores como «soberanía» y «libertad». De hecho, de la «independencia» hasta la guerra celebramos. Tampoco hay mayor fundamento en cualquier proceso educativo que hacer posible la independencia de sus educandos. Educamos a nuestras hijas e hijos para que tengan sus propios criterios, tomen sus decisiones y sean independientes. Esa es la razón de ser de la educación. Requisito imprescindible para el logro de cualquier convivencia, no se concibe una relación equitativa, democrática y plural en la que sus partes no sean independientes.

¿Por qué entonces ese temor hacia un concepto, hacia una «independencia», que todos los países que pueden disfrutarla la celebran? ¿Por qué ese miedo a que el otro disponga, también, de tus mismos derechos y gozos? ¿Cuál es el problema de querer la independencia?

(Euskal presoak, Euskal Herrira).