Alberto PRADILLA
MASIVA MOVILIZACIÓN DE SARE

ATOCHA 7.00 DE LA MAÑANA LA SOLIDARIDAD QUE CRUZA EL EBRO

Un autobús solidario transitó ayer los 396 kilómetros que separan Bilbo de Madrid para sumarse a la marcha. Un trayecto inverso al que cientos de familiares y amigos recorren cada semana para acudir a las prisiones del centro y sur del Estado español.

Los aproximadamente 400 kilómetros que van desde Euskal Herria hasta Madrid constituyen una de las rutas más transitadas cada fin de semana por culpa de la dispersión. Ayer, sin embargo, un autobús realizó el camino a la inversa y, frente a la política de venganza que pretende justificar el alejamiento, lo hizo por un motivo solidario: apoyar a los presos políticos vascos y la reivindicación de su repatriación. No es la primera vez que se organiza este transporte colectivo aunque ayer tenía también cita especial en Bilbo: Askapena celebró un homenaje a Euskal Herriaren Lagunak por su apoyo a la causa vasca.

El viaje comenzó a las 7 de la mañana. A esa hora, 46 personas subían al autobús desde Atocha y ponían rumbo a Euskal Herria. Varios vehículos privados también incrementaron el número de asistentes procedentes del sur del Ebro. Hubo suerte y no tuvieron que enfrentarse a los habituales controles de la Guardia Civil, siempre tan presentes cuando se celebran movilizaciones multitudinarias. En Lerma (Burgos), foto de familia con banderolas e ikurriña y vuelta a la carretera.

Entre los asistentes, tanto miembros de Euskal Herriaren Lagunak como de otros colectivos madrileños. Y en el recuerdo de todos, Amparo, abuela del represaliado Alfonso Fernández, «Alfon», y recientemente fallecida. Ella era una de las habituales en este bus que lleva al menos seis años organizándose, según explica Simón Cortés, uno de los participantes en la marcha.

No es fácil, qué duda cabe, defender los derechos de los presos vascos en Madrid. Cierto es que la capital del Estado no se limita a esa caricatura de la calle Génova, donde se ubican la sede del PP y la Audiencia Nacional, y cierto es que hay cientos de personas solidarias y que defienden acabar con las medidas de excepción contra los presos, pero no resulta sencillo. No obstante, en los últimos años la situación ha mejorado, en opinión de Simón. «Se ha hecho mucho trabajo en torno a los juicios políticos, las cárceles o la tortura», explica.

No en vano, ellos también son quienes suelen organizar el apoyo a los ciudadanos vascos que son juzgados en la Audiencia Nacional y resultan ya habituales a las puertas del tribunal de excepción, mostrando su apoyo a los procesados. «La represión también ha tocado a Madrid», señala Cortés, recordando casos como el citado de Alfon (que sigue en prisión) o el de los titiriteros que fueron encarcelados varios días por una obra de teatro y han quedado recientemente absueltos de toda acusación.

Una vez en las calles de Bilbo tocaba hermanamiento con el resto de internacionalistas que secundaron la convocatoria de Askapena. De ahí, comida y ongi etorri antes de que realizar conjuntamente el camino hacia la movilización. Como destaca una participante habitual en esta marcha anual, es un momento que los ciudadanos vascos también aprovechan para expresar su agradecimiento a quien se solidariza con Euskal Herria. Una muestra de afecto recíproca muy necesaria.

«Queda mucho por hacer», reconoce Cortés, quien reitera la volutad de estos solidarios de seguir acudiendo a la marcha de Bilbo los años que sea necesario. Pero con el deseo paralelo de que esta sea la última. Y que quien transite los 400 kilómetros del viaje de Madrid a Euskal Herria, o de Euskal Herria a Madrid y más allá, no lo haga por culpa de nuevas vulneraciones de los derechos humanos.