28/03/2017

Un estudio sube de 14 a 30 las muertes entre 2010 y 2015 por «feminicidio»

Mugarik Gabe ha presentado un informe referido al conjunto de Hego Euskal Herria entre 2010 y 2015 que se basa en el concepto de «feminicidio». Una de sus consecuencias es duplicar la cifra de mujeres muertas al incluir casos no recogidos en la Ley contra la Violencia de Género de 2004, cuyos criterios considera limitados, y tampoco en la contabilización de Emakunde. La edad media de la víctima es de 44 años y el 67% de crímenes se produjeron en la vivienda.

GARA|donostia
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La ONG Mugarik Gabe, apoyándose en el trabajo del portal Feminicidio.net, ha completado un trabajo de cómputo de las víctimas de esta lacra que incluye a los cuatro herrialdes del sur vasco entre 2010 y 2015 y también analiza el tratamiento judicial y mediático. Al utilizar ese criterio de «feminicidio» en vez del de violencia machista o de género, el número de víctimas mortales pasa de 14 a 30. Se incluyen en la contabilización, por ejemplo, «feminicidios cometidos por mujeres como agentes del patriarcado cuando la victimaria ejecutó el crimen junto a un hombre o la victimaria mata excepcionalmente por razón de género» y también «muertes violentas de mujeres, a veces calificados como suicidios en los que del análisis de la información se infiere que puede tratarse de asesinatos». Por contra, no entran las víctimas asociadas que sean niños u hombres ni «las mujeres asesinadas por mujeres que no operen como agentes del patriarcado».

El término de feminicidio apareció ya en 1976 en el Tribunal Internacional de Crímenes contra las Mujeres celebrado en Bruselas con participación de 2.000 mujeres de 40 países, y ha tenido un desarrollo especialmente potente en América Latina. «Se trata de un concepto político que permite visibilizar la posición de subordinación, desigualdad, marginalidad y riesgo en la que se encuentran las mujeres por el hecho de ser mujeres», dice el preámbulo de este estudio, que ayer se presentó en Emakumeen Etxea de Donostia y se continuará socializando en otros puntos de Euskal Herria. Al llamado «feminicidio íntimo» (con vínculo afectivo-sexual presente o pasado) se le suman el «no-íntimo» (no existe esa relación), el «familiar», el «infantil»… En esta última categoría entra por ejemplo el caso de una niña de 12 años síndrome de Down a la que su padre, aquejado de depresión tras enviudar, mató antes de suicidarse en Cáseda (Nafarroa) en 2013. Se contabilizan igualmente, aunque aparte, crímenes que no se etiquetan de feminicidio, pero sí como «asesinato de mujer» por cuestiones como el robo: un caso muy conocido es el de Amaia Azkue, producido en Getaria en 2011 y cometido por un menor. Como «feminicidio familiar» se recogen varios casos de mujeres a las que quitaron la vida allegados con enfermedades mentales.

El balance global de todo ello son «30 feminicidios y 3 asesinatos de mujeres» en el conjunto de Araba, Bizkaia, Gipuzkoa y Nafarroa en los seis años citados, frente a los 14 admitidos oficialmente en base a la Ley de 2004, que por ejemplo no computa a Jenny Sofía Rebollo y Maureen Ada Otuya, víctimas del «falso shaolín» Juan Carlos Aguilar en Bilbo, pero para Mugarik Gabe constituye un caso claro de «feminicidio por prostitución».

52% «íntimo»

El desglose de estos crímenes supone que algo más de la mitad (52%) son «feminicidio íntimo», que suponen los más reconocidos oficialmente (14 de 17 encajan en la Ley). Otro 18% entra en la categoría de «feminicidio familiar» y el 9% en la de «infantil». Sobresale también el dato de que el espacio privado es con diferencia el lugar en que más crímenes se cometieron: el 67% fueron en la vivienda, «lo que está en consonancia con el ámbito donde conviven víctima y victimario tanto en los feminicidios íntimos como en los familiares».

El perfil de las mujeres fallecidas muestra una edad media de 44 años y sus victimarios son algo más jóvenes: 39. El 76% de ellas eran autóctonas y el 67% de ellos también. En el 42% de los casos se utilizaron armas blancas para acabar con la vida de la mujer y en un 30% se hizo con las manos. Solamente en un caso se utilizó arma de fuego. En el 12% de estos episodios el victimario acabó suicidándose y en otro 6% lo intentó.

Se establece también una comparativa con el Estado español, donde en ese mismo periodo se han registrado «586 feminicidios y 95 asesinatos de mujeres» frente a los 30 y 3 respectivamente referidos en Hego Euskal Herria. En relación al volumen de población, ello supone que en Euskal Herria el impacto de esta lacra ha sido algo menor de la media.

Críticas al tratamiento mediático y al judicial

Junto al análisis de la tipología de los casos, el informe aborda el tratamiento tanto en los medios de comunicación como en los tribunales, con un enfoque crítico en ambos casos. En realidad, hay una interrelación entre ambos ámbitos en algunos aspectos; por ejemplo, se subraya «claramente una deficiencia de la prensa a la hora de informar: la del seguimiento del proceso judicial». Se remarca que «la importancia de informar de ello es clave para destacar que los crímenes no quedan impunes».

Se censuran errores como la «reproducción de estereotipos» o «el material gráfico y titulares inadecuados», que a tenor de los ejemplos aportados resulta más frecuente en los diarios más vendidos. El caso del «falso shaolín» es el ejemplo más subrayado en lo relativo a los casos narrados con morbosidad totalmente prescindible: así, en ‘‘El País’’ se pudo leer «Dos veces había vivido la misma orgía de sexo y sangre. Y tal vez habría proseguido su enloquecida carrera criminal si la Ertzaintza no hubiera puesto fin a su aterrador descenso a los infiernos». En general, el trabajo cree que «los medios de comunicación no vinculan la violencia machista con su marco teórico y tampoco califican como tal otros asesinatos con rasgos machistas y misóginos, como los feminicidios por prostitución». Cree que es consecuencia de «una falta de perspectiva de género en las redacciones y los mandos intermedios, además de una falta de conocimiento teórico básico, unida a la inmediatez por publicar la información».

En cuanto a la parte de análisis de las sentencias sobre estos casos, este informe ve problemática la cuestión del jurado («es absurdo que sea competente para juzgar todos los homicidios y asesinatos, pero no la situación de victimización previa»), el concepto de «ensañamiento» («no se apreció en casos en que hubo una violencia tremenda») o las circunstancias atenuantes («algunas defensas se exceden y llegan a caer en la falta de respeto a la vida de las víctimas»).