17/09/2017

El «invierno árabe» llega a Gaza

Egipto y los Emiratos Árabes Unidos, impulsores de las contrarrevoluciones que abortaron la malograda «primavera árabe», están aprovechando el creciente drama humanitario en Gaza para obligar a Hamas a aceptar el regreso a la arena política de Mohamed Dahlan, personaje de infausto recuerdo en la reciente intrahistoria del pueblo palestino.

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Egipto y los Emiratos Árabes Unidos lideran una operación para forzar a Hamas a que bendiga el regreso a Palestina de su «bestia negra», el otrora líder de Al Fatah en la Franja Mohamed Dahlan. A cambio, prometen aliviar la dramática situación humanitaria de Gaza, agravada por la vuelta de tuerca impuesta por Israel a petición de la ANP y por el recorte en las ayudas del hasta ahora principal sostén de los Hermanos Musulmanes palestinos, Qatar, sometido a un bloqueo total por parte precisamente de las satrapías del Golfo.

Al igual que están haciendo en la cuarteada Libia tratando de apuntalar en el poder al viejo excoronel gadafista Jalifa Haftar –en este caso con el aval total de Rusia–, los Emiratos Árabes Unidos y Egipto –y por tanto Arabia Saudí– lideran una operación para colocar a su hombre en Gaza. Y este no es otro que Mohamed Dahlan, uno de los personajes de más infausto recuerdo en la reciente y dramática intrahistoria palestina.

Mohamed Dahlan era el líder de Al Fatah en Gaza y, al frente de una decena de agencias de seguridad, lideró la cruel represión contra todas las facciones palestinas, lideradas por Hamas, contrarias a los hoy olvidados Acuerdos de Oslo. Los miles y miles de militantes palestinos detenidos y torturados salvajemente en redadas masivas seguro que no le han olvidado.

«Señor de la guerra» palestino, Dahlan tenía unas relaciones privilegiadas con Israel y Estados Unidos. No en vano esa suerte de «Mujarabat» (las temidas policías políticas de los regímenes árabes) palestina a las órdenes de Dahlan era entrenada por el teniente general estadounidense Keith Dayton.

Hay quien por aquel entonces le presentó como el «hombre de la CIA» en Palestina. Lo que sí está probado es que su «hoja de servicios» le hizo ganar enteros a ojos de la Administración Bush para los planes de los neocons USA en el convulso escenario general de Oriente Medio.

2006. Hamas arrasa en las elecciones legislativas, endosando la primera derrota política al movimiento Al Fatah desde 1960. Ni Israel ni EEUU y sus aliados aceptan el escrutinio de las urnas. Tampoco la histórica formación creada por el desaparecido Yaser Arafat.

Desde su liderazgo de Al Fatah en Gaza, Dahlan lidera en 2007 un golpe de Estado contra Hamas. La asonada fracasa estrepitosamente y Hamas forma gobierno en Gaza, mientras la ANP sigue en el poder en Cisjordania.

En pleno cisma intrapalestino, Dahlan no ceja en sus ambiciones y trabaja ya en Ramallah para socavar el poder del presidente de la ANP, Mahmud Abbas. Al punto de que en 2010 será desterrado acusado de corrupción, intento de golpe de Estado y hasta del supuesto envenenamiento del rais palestino Arafat a finales de 2004.

Dahlan huye a los Emiratos Árabes Unidos, que será, junto con Arabia Saudí, el refugio para los dictadores derrocados por las primaveras árabes de 2011.

Seis años después del fracaso de aquellas revueltas –hay quien, desde una perspectiva histórica, asegura que estaríamos en la fase termidor de una revolución a largo plazo–, el regreso patrocinado de Dahlan confirma los mejores presagios para la contrarrevolución.

El Egipto del mariscal Abdelfattah al-Sissi, que no dudó en cerrar el paso de Rafah –única conexión de Gaza con el mundo– tras su golpe de Estado de 2014, promete ahora reabrirlo a cambio de que Hamas ponga alfombra roja a Dahlan. Por de pronto, Egipto ha estado abriendo intermitentemente el paso de Rafah desde agosto y ha comenzado a abastecer a la Franja con diésel para la única planta eléctrica que abastece a los gazatíes.

El gesto no es baladí, por cuanto que, en la lucha fratricida palestina, la ANP decidió en mayo dejar de pagar los salarios de los funcionarios en Gaza y bloqueó sus pagos a la empresa israelí que le suministraba electricidad con cuenta gotas.

Con una situación humanitaria crítica, Hamas se está viendo obligada a tragarse el sapo y ya ha permitido el desembarco en Gaza de la mano derecha de Dahlan, Samir Masharawi.

El Movimiento de Resistencia Islámico (Hamas) palestino, debilitado por el regreso a las catacumbas de los Hermanos Musulmanes tras el golpe de Estado en Egipto, y tocado por su apoyo a los rebeldes sirios frente a su histórico aliado de Damasco, trató a mediados de año de sacudirse la presión impulsando un relevo en el liderazgo y, lo que es más importante, modificando su carta fundacional de 1988 por un documento político en el que asume las fronteras de 1967, sustituye su apuesta de «echar a los judíos al mar» por la lucha contra el sionismo, prioriza los medios políticos sobre la lucha armada y se desmarca, siquiera simbólicamente, de la cofradía islámica.

Su viraje ha tenido escasa, por no decir nula, repercusión internacional. Mucho menor que la ofensiva de Arabia Saudí y sus aliados contra la díscola e «independiente» Qatar.

Así, sin su principal sostén económico-financiero –la Turquía de Erdogan tiene suficiente con salir del atolladero existencial al que le ha conducido su arriesgada apuesta en Siria–, a Hamas no le queda sino aplicar su conocido «pragmatismo» y dar la bienvenida a las multimillonarias promesas de ayuda de los Emiratos Árabes Unidos.

Unas promesas que el propio Dahlan puede certificar, ya que sus siete años de exilio en Abu Dhabi han multiplicado exponencialmente las riquezas que amasó con su red clientelar de corrupción en Gaza.

Además, Dahlan, nacido en el campo de refugiados de Jan Yunis, sigue contando con importantes apoyos en Gaza, incluyendo a grupos armados en todos los campamentos de la Franja y conoce desde niño a los nuevos dirigentes de Hamas en el interior: Mohamed Deif, líder de las Brigadas Ezzedin al-Qassam, y Yahya Sinwar, primer ministro de Gaza.

Fue precisamente Sinwar quien en junio viajó a El Cairo a entrevistarse con Dahlan para, según varias fuentes, ofrecerle un cargo en Gaza a cambio de la reapertura egipcia de Rafah. Algunos le sitúan como una suerte de futuro ministro de Exteriores pero no falta quien le presenta como el virtual nuevo líder de la Franja.

Más allá de rumores, la visita esta semana a Egipto del nuevo líder de la oficina política del exterior de Hamas, Ismail Haniyeh, certifica que no hay fisuras en el seno del movimiento.

Otra cosa es colegir que Hamas haya decidido rendirse ante su nuevo enemigo o incluso presentar este acuerdo como una reedición del viejo plan de un Estado palestino en Gaza y partes del Sinaí para albergar a los refugiados palestinos.

Hamas estaría jugando sus cartas las pocas que tiene en el pulso creciente al que precisamente le ha sometido la Autoridad Palestina, e intentará mantener controlado a Dahlan.

Eso sin olvidar que todo apunta a que no es Gaza la que está en su punto de mira, sino la Mukata de Ramallah, para ocupar el poder del octogenario y desgastado Mahmud Abbas en la ANP.

Solo así se entiende su interés en contar como aliado con un viejo conocido suyo –otra vez el peso político de la biografía– Marwan Barghouti, condenado a cinco condenas de por vida y el dirigente mejor valorado por el pueblo palestino.

Siempre según fuentes de Al Fatah, Dahlan habría arrancado a Hamas el compromiso de que Barghouti sea incluido en un eventual nuevo intercambio de prisioneros con Israel.

Lo cierto es que Abbas, con 82 años y tras haber superado un cáncer el pasado año, es un cadáver político y solo una más que improbable implicación de los EEUU de Trump en una nueva negociación le permitiría poder elegir a su sucesor.

Y tampoco está claro que lo tenga, con el histórico negociador jefe de la ANP y secretario general de la OLP, Saeb Erekat, pendiente un trasplante de pulmón a vida o muerte.

En espera del desenlace del relevo en la ANP, hay quien pone su esperanza en que Dahlan ha fracasado hasta ahora en todos sus complots. Ocurre, sin embargo, que sus padrinos y la ola contrarrevolucionaria que sacude al mundo árabe pueden ser su mejor trampolín. Una ola que se ha manifestado en los últimos años en dos fenómenos paralelos: el regreso de los viejos regímenes, de un lado, y el impulso a movimientos yihadistas milenaristas como el ISIS.

Y nadie debería olvidar que la Palestina ocupada es terreno abonado para estos últimos.

Todo apunta a que no es Gaza el objetivo último de Dahlan, sino la Mukata de Ramallah, donde aspira a suceder al octogenario y políticamente acabado Mahmud Abbas