15/05/2018

Una visión del pasado anclada en el presente
Koldo LANDALUZE
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Asumido el  reto de participar en el guion y debutar detrás de la cámara, Marine Francen ha elaborado un sofisticado puzzle de emociones cuya apariencia pictórica en absoluto obedece a un estilo academicista. Enmarcada en una pequeña aldea que parece olvidada por todo el mundo, descubrimos las vivencias compartidas por las mujeres de este rincón en mitad de la nada en la que los hombres fueron pasto de una ejecución masiva dictada por una orden gubernamental.

Se desarrolla durante la dictadura de Napoleón III y las mujeres protagonistas se ven en la necesidad de asumir una nueva realidad en la cual ellas deberán dictar sus normas.

Entre ellas surge la idea común de compartir al primer hombre que haga acto de presencia. A la vista de las ancianas del lugar, las protagonistas cruzan súbitamente el tiempo de la inocencia infantil y se colocan en una nueva etapa vital. Si bien todo ello transcurre en el pasado, lo que Francen plantea con singular delicadeza y mediante un tono lindante a lo onírico, es un discurso abierto al discurso feminista. 

El interés de lo que acontece en el filme surge del propio original literario escrito por la veterana autora Violette Ailhaud, la cual relató en su novela “El hombre semen” –ignoro los motivos que han empujado a cambiar el título original– una serie de pasajes autobiográficos en los que se plantea una reflexión en torno a los cambios que provoca en las habitantes de un pueblo sin hombres la instalación de un nuevo orden vital, emocional y social. Con semejantes mimbres, la cineasta elabora un excelente juego de tensiones que recuerda a los universos cerrados y gobernados por mujeres que plantearon Don Siegel en “El seductor” y más recientemente Sofia Coppola en “La seducción”.