16/05/2018

 Iratxe FRESNEDA
Investigadora audiovisual y docente
Dos modos de ver el cine, Lars Trier y Alice Rohrwacher
No es un thrillercualquiera si no una elmacguffin para hablar de los procesoscreativos, de los infiernos en los que habita el ser humano.La obra del asesino en serie es construiday derribada, tal y como se hace en cualquier proceso demontaje cinematográfico que busque más allá

Puedo decir sin temor a equivocarme, que si en los festivales de cine, léase Cannes, las películas fueran proyectadas sin firma ni autoría, muchas de las críticas, de los comentarios que se realizan en las redes sociales, serían sustancialmente distintos. Un claro ejemplo de este ejercicio que consiste en juzgar a la persona detrás de la obra, y no a esta última, es Lars (von) Trier. Cierto es que cuando uno no se siente interesado por el universo creativo de un artista, pocas posibilidades quedan de que valoremos su trabajo con una mirada limpia de prejucios. El universo narrativo y conceptual de Lars Trier es sórdido, como la vida misma por momentos (cada día asesinan a mujeres, niños y niñas de forma espeluznante, solo hace falta leer las noticias).

Cannes ha recibido a su hijo amado y repudiado a partes iguales apartándolo de la competición, evitando así presentar esta película como parte de su propuesta de lo mejor de este año. “The House That Jack Built” nos inicia en el universo de un asesino en serie encarnado por Matt Dillon. Pero, a pesar de las sinopsis que se extienden por ahí, este no es un thriller cualquiera, sino un género utilizado como macguffin para hablar de los procesos creativos, de los infiernos en los que habita el ser humano. La obra del asesino en serie es construida y derribada, tal y como se hace en cualquier proceso de montaje cinematográfico que busque más allá de la mera concatenación de imágenes y cronologías narrativas. Como os adelantaba en esta columna, esta parece ser su despedida, cruel, dolorosa, torpe pero inteligente siempre. El nuevo artefacto de Lars Trier es un ensayo error, es una bajada a los infiernos. Lejos de los planteamientos formales del danés, las habilidades narrativas de Alice Rohrwacher en “Lazzaro felice”. La película, cercana a la tradición neorrealista, realiza tal pirueta hacia lo mágico en esta cinta a competición, que provoca admiración. Sus elementos principales son, tal y como diría Bresson, los mínimos recursos y el esfuerzo por obtener lo máximo de ellos. Su historia nos lleva a lo esencial de la cadena humana, el ser humano explota al ser humano, también lo ama, pero cuando se aprovecha de el su sadismo no tiene límites. Rohrwacher cuenta con luz, mostrando la belleza de las ruinas, sublimando la periferia y la belleza del inocente. El sol y la luna del buen cine.