15/06/2018

Los refugiados de hoy no se diferencian de los que huyeron de la ocupación nazi
Mikel INSAUSTI
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AChristian Petzold se le conoce sobre todo por sus películas recientes con Nina Hoss “Bárbara” (2012) y “Phoenix” (2014), pero hace ya tiempo que es un habitual de los grandes festivales con obras anteriores como “Fantasmas” (2005), “Yella” (2007) y “Jerichow” (2008). Suele abordar de una forma muy personal y ambivalente el problema de la identidad alemana, desde que el país quedase partido por la II Guerra Mundial y pasase por todo un largo trance para superar sus traumas colectivos. Pero en su nueva película “Transit”, que fue presentada en la Berlinale, viene a decir que, a pesar de todos los pesares, la historia tiende a repetirse y los viejos errores del pasado se perpetúan de generación en generación.

Para representar dicho bucle temporal lo que hace es actualizar la novela original de Anna Seghers, trasladando su ambientación de posguerra a un periodo indeterminado que se parece más al presente. De tal suerte que establece un paralelismo entre los refugiados que están llegando a Europa ahora mismo, y los que en su época provocó la ocupación nazi. La angustia vital que soporta el protagonista es la propia de todo superviviente de los campos y las migraciones que ha de hacerse con documentos para poder viajar a otro continente y a otro país.

Franz Rugowski interpreta a ese hombre que encuentra su pasaporte a México usurpando la personalidad de un escritor víctima del holocausto, pero su situación se complica al conocer a la mujer que espera el regreso de esa figura ausente.

El tránsito marsellés al que alude el título evoca los melodramas clásicos de los años 40, con romance y espionaje, solo que con un distanciamiento que lo deja todo en suspenso, al invocar a la idea del eterno retorno representada por el mito clásico de Penélope y Ulises y las aguas del mar Mediterráneo.