15/06/2018

Mikel INSAUSTI
Crítico cinematográfico
Ya nos podemos ir olvidando del 3D

Nunca hay que olvidar que el cine fue un espectáculo que nació en una barraca de feria, por lo que, sin necesidad de renunciar a su potencial artístico, nunca va a dejar de ser una evasión para el gran público. Su sustrato industrial consiste consecuentemente en una constante renovación técnica capaz de desafíar una y otra vez la capacidad de asombro del espectador. Y, dentro de dicha evolución, el formato 3D parece tener ya los días contados. Apenas se estrenan películas para ser vistas con las gafas polarizadas, debido a una falta de interés en relación directa al incremento en el precio de las entradas.

Sin embargo, la gente sí está dispuesta a pagar más por lo novedoso, incluso los quince euros que cuestan las proyecciones en el revolucionario sistema 4DX. La cadena Kinépolis cuenta con dos salas equipadas a tal fin, con una capacidad para 160 butacas, en las que se pueden ver estrenos como “Jurassic World: El reino caído”, y no los consabidos cortos o documentales de parque de atracciones.

La experiencia, que incluye además del asiento móvil y vibratorio, efectos de lluvia, niebla, viento y hasta el olor de la tierra mojada o calcinada, cuenta con el plus de no ser apta para todo el mundo. Hay que tener un corazón fuerte y sano para sobrevivir a ella.