10/07/2018

Sonrisas bienintencionadas en la frontera de lo caótico

La puesta en imágenes de la novela autobiográfica del conocido caricaturista y humorista John Callahan “No te preocupes, no llegará lejos a pie” viene de lejos y tuvo como protagonista inicial a un Robin Williams que, interesado en  la obra y vida del humorista Callahan, convenció a Gus Van Sant de las posibilidades que ofertaba dicha apuesta mientras rodaban “El indomable Will Hunting”. Pasado el tiempo y sin la posibilidad de que Robin Williams se metiera en la caótica personalidad del Callahan, el cineasta ha optado por la opción de ceder el protagonismo a un Joaquin Phoenix que no desaprovecha la ocasión para llevar a cabo una intensa recreación de un outsider del lapicero que abogó en todo momento por el chiste carente de prejuicios para retratar una idea, la necesidad imperiosa de provocar risas mediante un humor negro. Para llevar a cabo este biopic, Van Sant se escuda tras un estilo muy reconocible y que tanto odian sus detractores cada vez que deja a un lado su, en ocasiones, muy discutible y pedante discurso experimental.

La trama tan solo pretende mostrar a un creador alcohólico, aferrado a una silla de ruedas y que encontró en su humor libre de ataduras convencionales un motivo para seguir sonriendo. Junto a Phoenix destaca la interpretación de Jonah Hill, el cual ejerce funciones de compañero de fatigas residuales y singular ángel de la guarda en lo concerniente a librarse del alcoholísmo mediante un muy singular método. A lo largo de esta ruta vital topamos también con un montaje muy ágil y un humor que bordea con inteligencia los pasajes menos afables de una crónica vital extrema en la que un dibujante cáustico atado a su silla de ruedas fue capaz de hacer reír mediante viñetas trazadas por un rotulador que huía de la condescendencia. Buen ejemplo de ello es la viñeta que da sentido al título y en la que tres sheriffs observan una silla de ruedas abandonada y lanzan la consabida frase.