11/07/2018

Carlos GIL
Analista cultural
Lo no visto es como si no existiera

El cineasta Carlos Saura declara ante los medios que se están haciendo muchas películas que nunca veremos. Aunque lo pueda parecer no está haciendo una elucubración estadística, porque serán miles de películas las que se estén rodando en el mundo. Lo que dice Saura es una denuncia. Muchas películas que reciben ayudas, subvenciones, se ruedan y no se exhiben. O se exhiben unas pocas veces para cumplir con el proceso administrativo. Parece que es un hábito más normal de lo recomendable. Porque una película puede ir mal, y retirarse de los cines en pocas semanas. Pero algunas no llegan nunca a una sala de exhibición. A lo sumo, se pasará en horario intempestivo en alguna cadena de televisión que la coproduzca.

En otra noticia se nos advierte de que el cuarenta por ciento de la producción libresca es devuelta a sus editores tras el paso por la distribución y los anaqueles de las librerías. Me parece una estadística muy bondadosa. Hay producciones teatrales que se ensayan, se estrenan y se exhiben un pequeño número de veces. En ocasiones un número tan exiguo que parece una mentira piadosa. Choque de intereses. Vivo en una contradicción sobre el derecho a crear y la obligatoriedad de recibir ayuda. Es muy difícil discernir sobre el proyecto en papel y saber lo que va a ser admitido en el mercado, las redes o va a quedarse como una excepción. Si es por avanzada, arriesgada y novedosa, se aplaude y se comprende el riesgo. Si es por deficiente, hay que afinar las garantías.