11/08/2018

Allí donde la sombra del árbol no es bien recibida
Mikel INSAUSTI
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En nuestra cultura la mayoría de disputas vecinales suelen ser ocasionadas por las lindes entre diferentes terrenos o propiedades, pero en los países nórdicos se entiende que lleguen a pelearse unos con otros por un bien tan escaso y preciado como la luz del sol. Por eso es tan importante en la película islandesa “Undir trénu” el árbol del título original, ya que empieza siendo el objeto de discordia que va creciendo como una bola de nieve hasta desembocar en un trágico, violento y sangriento desenlace. Pero el final, al igual que el resto del relato, está contemplado a través del humor absurdo al utilizar el recurso de la comedia negra como un filtro solar que evita mayores quemaduras en la piel del público, que se ve reflejado en un espejo que puede llegar a deslumbrar o cegar.

Las peculiaridades provocadas en la sicología de sus gentes por el clima islandés quedan en la superficie, mientras que en el fondo subyace una lectura de alcance universal, porque en su tercer largometraje Hafsteinn Gunnar Sigurdsson habla en realidad de las dificultades para la convivencia humana a todos los niveles, dentro del matrimonio, dentro de la familia y, por último, dentro del vecindario. El protagonista, de nombre Atli, sufre las tres dimensiones del problema de las relaciones. Primero porque su mujer le abandona al verse engañada y pide la custodia de la hija de ambos, lo que obliga a Atli a regresar a casa de sus padres, un hogar que parece una bomba de relojería a punto de estallar por culpa de una madre neurótica totalmente fuera de control, que descarga su amargura vital contra la pareja del portal de al lado.

Se trata de los típicos pareados con una zona ajardinada, destinada a ser el fruto de las encarnizadas disputas. El viejo y frondoso árbol de la madre de Atli quita el sol a la vecina cada vez que se tumba en su jardín para intentar broncearse, y su simple queja será el detonante de una guerra de nervios.