12/08/2018

Iratxe FRESNEDA
Docente e Investigadora Audiovisual
Paradigmas

Cada vez es más grande el abismo entre negocio y arte, antes convivían con mayor facilidad. La industria del cine no está para bromas. Hace tiempo que los cines comenzaron a vaciarse y que las grandes compañías empezaron a invertir en los nuevos canales de visionado y en los nuevos negocios que han prosperado con el avance de las tecnologías del audiovisual. El cine en sala sobrevive como evento (festivales con tirón mediático, pases especiales…) y las palomitas o las gafas de 10D a duras penas consiguen arrastrar al espectador, resabiado en piratear películas, hasta las butacas. Ahora, la preocupación parece ser, para sectores de la crítica como IndiWire, que películas como “Misión imposible 30” acaparen una nueva categoría de premios Óscar (como si esto jamás hubiera sucedido). Son tiempos convulsos para los peces grandes, necesitan reinventarse, seguir vendiendo espectáculo, pero el camino a seguir aún no es nítido. La creación, el arte audiovisual sobrevive en paralelo a todo esto, porque para bien o para mal, casi siempre se ha gestado en los márgenes de la economía y de las políticas culturales, agudizando el ingenio, resolviendo con los mínimos recursos. Creo que, pase lo que pase con el lado más salvaje de la industria del cine, las cinematografías pequeñas sobrevivirán, quizá sin hacer ruido, gracias a esas inmensas minorías de espectadores, más cercanas a otros estímulos y lejos de las vorágines capitalistas. Los paradigmas están cambiando y el cine, tal y como lo entendíamos hasta el momento, es un muerto viviente que va tras la energía de los youtubers.