09/09/2018

Alba Fatuarte
Alternatiba
La amnesia selectiva en los alardes

Si no fuera porque nos tememos que es fingida, habría que incluir entre las enfermedades más raras la amnesia que sufren algunos políticos, partidos e instituciones durante dos días al año. Y es que con todo lo que se llenan la boca jeltzales y socialistas hablando de igualdad; las caras compungidas que muestran en las concentraciones contra la violencia machista y con la cantidad de puntos morados con los que visten sus ayuntamientos, sedes y solapas los días 8 de marzo y 25 de noviembre; es realmente singular ver cómo durante el 30 de junio en Irun y el 8 de septiembre en Hondarribia lo olvidan todo.

Ahí está el lehendakari Urkullu, con su silenciosa labor sin resultado alguno, que no ha sido capaz de ponerse frente al alcalde de Hondarribia, de su mismo partido por cierto, y afearle, un poquito si quiera, que discrimine a la mitad de la población de la localidad que gobierna. En cualquier caso, el Gobierno Vasco ni estará ni se le esperará este 8 de setiembre, porque, en su alarde de desvergüenza, delega en Emakunde su representación. Curioso en un hombre dispuesto a acudir a la inauguración más irrelevante si conviene para dar el titular del día.

Quizá este año la representatividad de Lakua la ostente la consejera de Educación Cristina Uriarte, que no ha dudado en posar feliz para los objetivos del alarde discriminatorio. No pasa nada, la semana que viene saldrá a la palestra a presentar algún plan de coeducación para implementar la igualdad en los currículos educativos.

La enfermedad de la desmemoria afecta también a las filas del PSE, que lo mismo un año tiene a sus juventudes premiando a las representantes del alarde igualitario o a su secretaria general Idoia Mendia gritando “Gora borroka feminista” al calor de las movilizaciones multitudinarias contra la justicia patriarcal, que al flamante alcalde de Irun José Antonio Santano dando la espalda un año sí y otro también a las compañía del alarde público.

Cabe preguntarse qué hacemos cuando la discriminación cuenta con el aval total (local, territorial y autonómico) de las instituciones. Y no cabe otra respuesta que seguir luchando en la calle, arropando a las mujeres y a los hombres que desfilan en la compañía Jaizkibel entre los plásticos y la desvergüenza protegida por el Ayuntamiento de Hondarribia, el Gobierno Vasco y la Diputación de Gipuzkoa. Aunque también parece sensato tratar de cambiar el color de las instituciones que no solo permiten sino que arropan la ignominia.

El último en sumarse a la fiesta de los despropósitos ha sido, precisamente, un representante de la Diputación, Denis Itxaso. En lo positivo, remarcar que él al menos acude a dar la cara, cosa que por supuesto, al igual que el lehendakari, tampoco hace el Diputado general Markel Olano. Pero el discurso de Itxaso ha resultado tan desafortunado como el de los que estarán ausentes, dado que ha pedido «respeto» para «las distintas formas de disfrutar la fiesta». Tan falaz como hablar de respetar a partes iguales a quienes demuestran actitudes racistas y a quienes las sufren. ¿Respeta el señor Itxaso por igual a agresores y agredidos? Entonces que no nos tome el pelo y que denuncie, como hacemos el resto, la discriminación machista que este 8 de setiembre volverá a sufrir la compañía Jaizkibel en Hondarribia.

Afortunadamente, la amnesia selectiva de los Urkullu, Santano, Sagarzazu y Olano de turno tiene cura. El ejemplo y el compromiso de quienes impulsan y participan en los alardes paritarios, junto con la lucha incansable del movimiento feminista, terminarán bien por vacunar o por desenmascarar a quienes apuntalan el machismo desde sus cargos institucionales. #NiJaizkibelekin