14/09/2018

Mikel INSAUSTI
Crítico cinematográfico
Esto es Oarsowood

Si tuviera que elegir una película para describir gráficamente lo que está ocurriendo en Euskal Herria con los estudios de cine esa sería “El mundo está loco, loco, loco” (1963), que es la comedia preferida de Álex de la Iglesia por sus carreras y locas persecuciones sin fin en pos del gran tesoro escondido. Parece como si alguien hubiera dado ya el pistoletazo de salida, y de repente hay que adelantarse al contrario para llegar primero a la meta. En esta competición en la que todo vale, y contra todo pronóstico, ha tomado la delantera un proyecto que parecía olvidado y enterrado: Zinealdea.

Si la memoria no me falla, desde que se fraguó en Sarobe de Urnieta esta quimera para sentar las bases de una industria del cine en nuestro país, han pasado ya un par de décadas. En 2010, con las obras prácticamente terminadas, se paralizó su puesta en marcha definitiva con juicios de por medio entre el impulsor de la iniciativa pública y la inversión privada.

El verano de este 2018 nos ha traído la milagrosa salida de la vía muerta en que se encontraba el edificio vacío del polígono Lintzirin de Oarsoaldea, y gracias al impulso de nuestros rodajes y sus productoras: Moriarti con “La trinchera infinita” e Irusoin con “Agur Etxebeste!”. Son 18.000 metros cuadrados que no se pueden desperdiciar, e Imanol Rayo también está dispuesto a aprovecharlos para su segundo largo, “Hil Kanpaiak”.