09/11/2018

Catorce años después de retar a Bush, Michael Moore va directo a por Trump
Mikel INSAUSTI
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Con “Fahrenheit 9/11” (2004) Michael Moore ganó la Palma de Oro en el festival de Cannes y el Óscar al Mejor Documental, consiguiendo unas audiencias de auténtico récord dentro del género. Entonces dejó al presidente Bush con las vergüenzas al aire, algo que pretende ahora repetir con Trump y “Fahrenheit 11/9” (2018). Nadie mejor que él para mostrar las debilidades de este showman televisivo reconvertido en mandatario de unos Estados Unidos que van a la deriva y han perdido la credibilidad internacional. Presenta al intrusista de la política profesional como a un monstruo de Frankenstein creado por toda una nación que ha ejercido de Doctor.

El terrorífico símil lo extiende a un mensaje apocalíptico, diciendo que Trump puede ser el último presidente de los EEUU. Y lo hace sin tintes partidistas en el reparto de responsabilidades de la crítica situación, cargando también contra una oposición venida a menos, y por eso no salva de la quema ni a Barak Obama, ni tampoco a Hillary Clinton.

Lo que más sorprende es el análisis que lleva a cabo del ascenso mediático de la figura de Trump, a partir de su participación en el reality de televisión “The Celebrity Apprentice”. Revela que al enterarse de que no era el mejor pagado del medio, montó en cólera y amenazó con presentarse a las elecciones para demostrar que era el rostro más popular e influyente de la pequeña pantalla. No podía consentir que la cantante Gwen Stefani del grupo No Doubt tuviera un sueldo mayor como jurado de un talent show musical.

Moore constata una reacción en temas sociales como el de las armas o la inmigración, porque junto con las manifestaciones en la calle comienzan a presentarse como congresistas representantes de las minorías raciales, ya sean de procedencia de América del Sur o de incluso la cultura musulmana.