09/11/2018

Vida de perros en los suburbios romanos
Mikel INSAUSTI
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Después de reflejar en sus películas la dura realidad napolitana asolada por las mafias, el cineasta romano Matteo Garrone regresa a su ciudad para reconstruir la vida en los suburbios a finales de los años 80. Y lo hace basándose en un caso real sobre el extraño crimen del exboxeador Giancarlo Ricci a manos del peluquero canino Pietro de Negri. Garrone sabe indagar en todo cuanto puede ocultarse detrás de aquella vieja noticia, explorando en la marginalidad social para llegar al fondo de la violencia, que tan bien y con tanta fuerza naturalista retrata en su cine.

El resultado es un poderoso cruce entre la crudeza expositiva de sus obras maestras anteriores “El taxidermista” (2002) o “Gomorra” (2008) con el humanismo de los personajes de Vittorio De Sica. Aquí el peluquero canino se llama Marcello y encuentra en el rostro inocente de Marcello Fonte la expresión justa de un hombre bueno nacido y residente en el lugar equivocado, por lo que en sus relaciones sufre las terribles consecuencias de las malas compañías. Y ahí entra Simone, encarnado por Edoardo Pesce, que es el antiguo púgil y delincuente por el que el atribulado protagonista da la cara en nombre de una lealtad mal entendida. Se equivoca cuando cree que se puede confiar en las personas, como lo hace con sus perros o con esa hija suya a la que adora. Al final acaba pagando las culpas por el robo en una tienda de “compro oro” contigua a su peluquería, y va a la cárcel en lugar de su amigo. Cuando salga ya será tarde para entender los motivos por los que se ha visto traicionado y abandonado.

Marcello es un padrazo que se gasta el dinero en llevar a bucear a su hija a las Maldivas o al Mar Rojo, pero tiene un lado oscuro que no puede reprimir y que nace de las malas experiencias acumuladas en la parte menos noble de la capital romana.