05/12/2018

El cine europeo recrea lo ocurrido en el Mar de Barents
Mikel INSAUSTI
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No se acostumbra a que los grandes nombres del cine de autor europeo acepten encargos de producciones espectaculares rodadas en inglés para competir con la industria de Hollywood, pero Luc Besson ha convencido a Thomas Vinterberg y ha puesto en sus manos una inversión de veinte millones de dólares, con tal de hacerle olvidar que viene del movimiento danés Dogma 95. El enfoque es muy distinto a lo que el director de “Festen” (1998) venía haciendo hasta ahora, por tener que poner en escena un guion de Robert Rodat, que escribió para Steven Spielberg “Salvar al soldado Ryan” (1998). Tal vez por eso hay una coincidencia generalizada con respecto a la secuencia introductoria, que presenta a los tripulantes del Kursk durante la celebración de una boda previa al desastre marino, al señalar que se trata de un homenaje a “El cazador” (1978) de Michael Cimino.

Esto quiere decir que independientemente del contexto histórico y político en el que se mueve la película, Vinterberg intenta aprovechar la ocasión para hacer cine a lo grande. Otra cuestión bien distinta son las intenciones comerciales del productor Luc Besson, que no ha querido problemas con Putin. Conviene recordar que el hundimiento de este submarino nuclear en el Mar de Barents sucedió en los inicios de su mandato presidencial, por lo que se evita una crítica frontal al modo en que las autoridades de Moscú gestionaron una crisis, que en aquel agosto del año 2000, pareció volver al escenario de la Guerra Fría.