06/12/2018

THOMAS VINTERBERG
CINEASTA

Nacido en Frederiksberg (Dinamarca) en 1969, fue uno de los puntales, junto a Lars Von Trier, del movimiento Dogma 95 con su película «Celebración». Después vendrían títulos como «Querida Wendy», «La caza» o «La comuna». Acaba de estrenar «Kursk», película inspirada en la tragedia del submarino ruso que se hundió, con toda su tripulación dentro, en el mar de Barents en agosto de 2000.

«Las libertades en Rusia hace ya tiempo que están muy restringidas»
Jaime IGLESIAS|MADRID
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Con “Kursk”, Thomas Vinterberg deja a un lado sus narraciones de corte intimista para probarse en el terreno de la superproducción si bien, muchas de las constantes narrativas que cabía encontrar en alguno de sus films más celebrados están también presentes en esta historia, como las tensiones entre individuo y grupo o la naturaleza corrupta que cabe hallar en el principio de autoridad.

 

¿Cómo llega usted a este proyecto? ¿Partió de un empeño personal o fue un encargo profesional? En apariencia, es una película bastante alejada de todo cuanto ha hecho antes.

Fue un proyecto que llegó a mí a través de Matthias Schoenaerts, el actor protagonista. En el primer guion que recibí la historia tenía un enfoque más político y estaba centrada en un grupo muy reducido de personajes. Entonces llamé a Robert Rodat, el guionista, y le propuse reescribir la película profundizando en la carga humana de la historia porque mi curiosidad como director siempre apunta ahí: al conflicto interior que viven los personajes. Cuando tuvimos lista esta nueva versión del guion, el proyecto dejó de ser un encargo y se convirtió en una película muy personal. Yo creo que “Kursk”, de hecho, está muy vinculada al resto de largometrajes que integran mi filmografía. Hay temas que se repiten en todas mis películas: la respuesta ante situaciones de injusticia, el poder del grupo, las relaciones familiares y la solidaridad o la falta de solidaridad entre los individuos. Todos esos temas que, directa o indirectamente, inspiraron mis trabajos anteriores, vuelven a estar aquí muy presentes.

De todas maneras, a la hora de profundizar en ese enfoque humano, me imagino que, en esta ocasión, su creatividad se vería limitada por el hecho de contar una tragedia real que está en la memoria de todos, ¿no? No porque nosotros hayamos construido una ficción.

Partimos de un hecho real, eso es cierto, pero todo lo que concierne a los personajes de nuestra película tiene poco que ver con las personas en las que nos inspiramos. El protagonista, por ejemplo, es un trasunto del lugarteniente Dimitri Kolesnikov, todo un héroe nacional en Rusia. Él fue quien escribió las cartas de despedida a su familia que posteriormente se hallaron entre los restos del submarino, pero él no tenía hijos y nosotros queríamos que nuestro personaje fuera alguien que representase a todos esos marineros que dejaron huérfanos tras la tragedia, así que nos tomamos esa licencia. En algún momento hubo contactos con la familia, pero esta fue tajante: ‘si queréis honrar su memoria y usar su nombre es importante que contéis las cosas tal cual sucedieron’. Reflexionamos y nos dimos cuenta que no era eso lo que queríamos hacer así que les cambiamos el nombre a todos los personajes, por respeto a sus familias y a nosotros mismos, para no tener servidumbres a la hora de contar la historia que queríamos contar.

 

Antes ha comentado que esta película en el fondo está muy vinculada al resto de sus obras. ¿Le interesa explorar la conducta del individuo ante situaciones que le colocan al límite de sus capacidades emocionales?

Sí, es algo que me atrae. Como he comentado antes, me interesa mucho explorar los vínculos de solidaridad que se establecen entre las personas y, en este sentido, cuando alguien está ante una situación límite me llama la atención el modo en que gestiona sus emociones, hasta el punto de que, muchas veces, está más preocupado por la suerte de los demás que por la suya propia. Yo nací y me criaron en esos valores y aunque tendemos a pensar que el ser humano es de naturaleza egoísta, yo creo que cuando nos vemos contra la espada y la pared sacamos lo mejor de nosotros mismos. A mí es algo que me pasa a nivel creativo: me gusta enfrentarme al abismo. Cuando empecé a rodar como parte del movimiento Dogma 95, muchos me decían ‘ese cine que queréis hacer no va a ir a verlo nadie, es un suicidio profesional embarcarse en ese tipo de propuestas’. Me la jugué y el tiempo me dio la razón, al igual que con “La caza”. Había quien me reprochaba: ‘pero donde vas con una película sobre la pedofilia’. Y, sin embargo, cuando optas por arriesgarte es hermoso comprobar que no estas solo y que hay mucha gente que te apoya.

 

Hablando de desafíos, ¿cómo espera que sea recibida esta película en Rusia?

La verdad es que no lo sé, pero me puedo imaginar que desde el Gobierno ruso procurarán ignorar la película y limitar su difusión, eso en el mejor de los casos. También puede que orquesten una campaña de rechazo al film apelando a que se trata del enésimo ejemplo de propaganda occidental. Pero a mí eso me preocupa poco, lo que me interesa es la respuesta del público ruso. Sé que algunos de sus ciudadanos ya han visto la película descargándosela de plataformas, pero no sé si, finalmente, la administración dará los permisos de exhibición para que pueda ser estrenada en cines. No tengo mucha confianza en ello, la verdad, ya que las libertades en Rusia, hace ya tiempo, que están muy restringidas.

 

¿Desde cuándo?

Yo creo que cuando sucedió la tragedia del Kursk, se estaba viviendo un período de deshielo. La Guerra Fría comenzaba a ser una cosa del pasado y Rusia empezó a abrirse al mundo, también por pura necesidad ya que su economía atravesaba por dificultades que desaconsejaban una política de autarquía. Pero el accidente del Kursk marcó un punto de inflexión en ese sentido. En lugar de aceptar la ayuda británica para rescatar a los supervivientes, Rusia lo que hizo fue iniciar una contraofensiva mediática que terminó por cercenar la libertad de prensa a raiz de aquel incidente, visto por todo el mundo a través de internet, donde se sedó a la madre de uno de los marineros del Kursk en mitad de una conferencia organizada por las autoridades militares para explicar la situación

 

¿No cree que estamos volviendo a un escenario de Guerra Fría? Incluso su película, en el retrato que hace de los militares rusos, parece apelar a unos estándares de representación propios de otra época…

¿Tú crees? No me hace muy feliz que me digas eso, sinceramente. Me aterra la idea de haber construido personajes arquetípicos, nada más lejos de mi intención. Precisamente, si contacté con Max Von Sydow para que interpretase al general ruso es porque me parece la persona más cálida y tierna del mundo y justamente le recluté para un personaje que está en las antípodas de su manera de ser. No sé, igual no he logrado transmitir la complejidad que hubo tras las decisiones que adoptaron las autoridades rusas ante aquella tragedia. Porque, en el fondo, aceptar ayuda extranjera para rescatar su submarino, conllevaba no sólo que salieran a la luz secretos nucleares, sino también tener que tragarse su orgullo nacional y aquello no era un plato de gusto.

 

Bueno pero, en el fondo, renunciar a esa complejidad me imagino que es el peaje que uno tiene que pagar cuando se embarca en una superproducción de estas características, ¿no?

No, de verdad que no. Como te he dicho antes considero que “Kursk” es una obra muy personal. Lo que ocurre es que habiendo empezado a dirigir en los márgenes de Dogma, cuando ponen en tus manos un proyecto como éste uno se siente como al niño al que le invitan a visitar una fábrica de chocolate (risas). Pero, en el fondo, mi disciplina de trabajo no cambia de una película como “Celebración” a una superproducción como “Kursk”. Más allá de cuántas escenas de explosiones haya tenido que filmar aquí o al hecho de que los personajes, aún siendo rusos, se expresen en inglés, creo que mi obsesión como cineasta sigue siendo mostrar la fragilidad humana.

 

Pero a la hora de lograr ese objetivo, ¿cómo se concilia el retrato íntimo de los personajes con el desafío técnico que plantea una narración de estas características?

Lo bueno de dirigir una producción de estas dimensiones es que la parte técnica la puedes delegar en profesionales competentes. Eso hizo que pudiera centrarme en el trabajo con los actores, porque lo que me interesaba era lograr un relato que fuera una mezcla de grandeza y pureza. En mis anteriores películas, como director, tenía demasiadas funciones que desempeñar de manera simultánea. Pero aquí, pude aprovechar las dos horas que tardaban los técnicos en preparar el equipo para filmar bajo el agua para hablar más con mis intérpretes.

Me interesa explorar los vínculos de solidaridad. Cuando alguien está ante una situación límite muchas veces, está más preocupado por la suerte de los demás que por la suya propia.

Lo bueno de una producción de estas dimensiones es que la parte técnica la puedes delegar en profesionales competentes. Eso me permitió centrarme en el trabajo con los actores.