09/12/2018

ALFONSO CUARÓN
CINEASTA

Nacido en Ciudad de México en 1961, debutó en el cine con «Solo con tu pareja» (1961). Enseguida dio el salto a Holywood con filmes como «La princesita» o «Grandes esperanzas» volviendo a su país para rodar «Y tu mamá también», película que le consagraría. Tras ganar el Oscar con «Gravity» ha retornado a México, de nuevo, con «Roma», León de Oro en Venecia y uno de los grandes títulos del año.

«Nuestra memoria es la única verdad que tenemos, define lo que somos»
Jaime IGLESIAS|DONOSTIA
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En “Roma” Cuarón lleva a cabo una implacable disección de las tensiones que producen los conflictos de clase y de raza tomando como referencia el México de su adolescencia y la figura de la mucama que cuidó de él y de sus hermanos en el hogar familiar. La película podría reportarle un nuevo Óscar, de momento acaba de ser nominado al Globo de Oro como mejor director.

Según usted, «Roma» es una película construida desde la memoria ¿en qué sentido?

La noción de esta película se manifestó en tres formas. En primer lugar quise llevar a cabo un acercamiento íntimo a una persona que fue muy importante en mi vida y cuya esencia está en el personaje de Cleo. A menudo, las personas que forman parte de nuestro entorno más cercano atesoran una singularidad como individuos que, en muchos casos, damos por hecha, pero si nos molestásemos en conversar profundamente con ellas, como me pasó a mí con esta persona, descubriríamos una complejidad absolutamente desconocida para nosotros. Ese descubrimiento fue justamente el que me llevó a la necesidad de activar la memoria, la del personaje, pero también mi propia memoria y eso, a su vez, fue lo que me condujo al blanco y negro.

 

Ese acercamiento a Cleo lo lleva a cabo desde un rigor inusual hasta el punto de conminar al espectador a ver la historia desde los ojos del personaje ¿cabe asumirse esto como una decisión política?

En ningún momento quise hacer una película política en el sentido de alumbrar una obra de denuncia social, pero lo que está claro es que la decisión de seguir a ese personaje y de hacerlo apelando a tu propia memoria te hace confrontarte con tus propias heridas, heridas personales y familiares, claro, pero también llagas que seguimos compartiendo como sociedad y que, más allá de México, tienen un alcance universal. En este sentido y, a través del personaje de Cleo, me esforcé por construir un caleidoscopio que reflejase no solo la perversa relación que existe entre clases sociales sino entre el concepto de clase y el de raza. Esas tensiones, lejos de aminorarse con el paso de los años, se han agudizado. Hoy en día, en los países más desarrollados las máscaras han caído. Basta con ver las respuestas que suscita el fenómeno migratorio en determinados países y las relaciones que se dan con aquellos que, estando en una situación de desventaja económica, pertenecen, además, a otra etnia o a una cultura distinta.

 

En su película también muestra el grado de perversión que ha presidido las relaciones entre hombres y mujeres ¿esa es otra de las heridas que mantenemos abierta como sociedad?

Sí, pero del mismo modo que no fue mi intención hacer una película sobre la masacre de Corpus Christi, tampoco me planteé rodar un filme sobre las derivas de la violencia machista, entre otras cosas porque ¿quién soy yo para llevar a cabo este tipo de denuncias? No formo parte de ninguna plataforma moral, me limito a evocar una realidad y eso que planteas, desgraciadamente, formaba parte de aquella realidad y también de la de nuestros días. La persona que inspira el personaje de Cleo resultó embarazada, efectivamente, por un abusador que después no reconoció su paternidad. En cuanto a la fuerza que caracteriza a los personajes femeninos de mi película yo creo que eso también tiene que ver con la realidad que estoy evocando, yo me crié rodeado por mujeres en un hogar donde hubo una ausencia de figura paterna.

 

Con todo, llama la atención que su protagonista sea una figura tan pasiva, tan silenciosa, tan alejada del perfil habitual de heroína cinematográfica.

Yo creo que ser silencioso no denota falta de actividad. Si nos fijamos en Cleo, ella es alguien que siempre está de pie, haciendo cosas, trabajando, mientras el resto de los personajes permanecen sentados. El hecho de que no tenga grandes inquietudes intelectuales o no las exprese no quiere decir que sea alguien pasivo.

Pero entiendo el sentido de tu pregunta e incluso los prejuicios que se infieren de ella. Son prejuicios alentados, en buena medida, por el estándar de representación hollywoodiense que demanda protagonistas proactivos, como si aquellas personas que no son proactivas careciesen de interés cuando lo cierto es que la actividad más interesante es la que se produce dentro de cada uno de nosotros. Luego, hay otro vicio inherente a la narración hollywoodiense y es aquel que tiene que ver con la necesidad de redención. Resulta inimaginable que un personaje oprimido no termine por sublevarse articulando un discurso inspirador que asegure su salvación y la de quienes le rodean. Pero esa exigencia, lejos de estar vinculada a la realidad, es una pura fantasía. En el cine queremos ver rebeldes, es muy gratificante asistir a su lucha y, en última instancia, a su triunfo, pero en la vida no todos somos rebeldes.

 

Antes ha aludido a un tipo de tensiones sociales que se vienen repitiendo en el tiempo ¿ver lo poco que hemos cambiado en todas estas décadas no le hace ser pesimista?

No porque, del mismo modo que hay escenarios de tensión social que no han cambiado, tampoco lo han hecho sentimientos inspiradores como el amor o las relaciones de solidaridad. Desde ese punto de vista, seguimos abiertos a que se produzcan acontecimientos que nos hagan abrir los ojos. En México, por ejemplo, la revuelta zapatista de 1994 sirvió justamente para recordarnos la existencia de ese amplio porcentaje de invisibles que rompía con esa fantasía de ser una sociedad homologable a la de cualquier nación del primer mundo. No sé si en este sentido, estamos mejor o peor que hace cuarenta años, lo que sí sé es que hoy en día esas tensiones sociales son más evidentes. En el mundo actual todo se ha evidenciado, hasta el punto de ser muy complicado esconder las propias opiniones. Eso tiene un lado positivo. El problema viene cuando hay voces que pretenden dar visibilidad a los invisibles con retóricas peligrosas.

 

En este sentido, ¿poner a funcionar la memoria sirve para conectar pasado y presente?

Lo que está claro es que cuando vuelvo la vista al pasado, lo hago a partir de la persona que soy hoy y de aquellos temas que me rpeocupan actualmente. Si hay algo que caracteriza a la memoria es que es algo vivo, en permanente proceso de transformación. Mi memoria no es la misma que la de mis hermanos a pesar de haber vivido juntos las mismas experiencias y es curioso comprobar cómo nuestros recuerdos atesoran colores diversos. Cuando construyes una narrativa a partir de tus recuerdos lo que intentas es cubrir, con distintas capas de pintura, grietas que están ahí y que te esfuerzas por ocultar en el deseo de darle estabilidad a tu vida. Es un modo de mentirte a ti mismo porque, por mucho que te esfuerces, esas grietas nunca van a desaparecer o quizá no, porque frente a esa amenaza, la memoria es la única verdad que tenemos. Nuestra memoria define lo que somos.

 

Pero ¿por qué decidió evocar esa parte de su pasado justamente ahora?

Eso tiene que ver con el hecho de haber vivido tanto tiempo fuera y con mis visitas, cada vez más espaciadas, a Ciudad de México. En cada una de esas visitas frecuenté los lugares en los que viví mi juventud. Se trata de lugares completamente transformados y, en muchos casos, irrecuperables que se manifiestan ante mí con un halo casi fantasmagórico, como si fueran presencias extrañas.

 

Esa percepción ¿ha influido a la hora de determinar la puesta en escena de la película?

En cierta manera sí. No quería ofrecer un punto de vista subjetivo ni una mirada nostálgica, pero sí que intenté articular un relato donde la noción de tiempo estuviera muy presente y donde también el espacio físico tuviera su importancia. El tiempo y el espacio nos limitan terriblemente, pero, a la vez, contribuyen a definir quiénes somos, determinan la manera en que nos vinculamos con los demás y nuestras relaciones.

 

La película está sonando como una de las favoritas de cara al Óscar, ¿cómo vive este hecho?

Las películas tienen un proceso de vida natural, se tardan mucho en hacer y si, por fortuna, sucede que aspiran a premios como los Oscar, ese proceso adicionalmente se prolonga con la fase de promoción. Aspirar a un galardón siempre es gratificante más por el hecho de crearle presencia a tu película que por el premio en sí. Dicho esto, los premios no te garantizan nada, es el tiempo el que establece la importancia de lo que has hecho. Hay miles de películas que no tuvieron presencia ni galardones que décadas después son unánimemente aceptadas como obras maestras y filmes multipremiados en su día de los que hoy nadie se acuerda.

En el cine queremos ver rebeldes, es muy gratificante asistir a su lucha y, en última instancia, a su triunfo, pero en la vida no todos somos rebeldes.Hoy en día las tensiones sociales son más evidentes. El problema viene cuando hay voces que pretenden dar visibilidad a los invisibles con retóricas peligrosas.No quería ofrecer un punto de vista subjetivo ni una mirada nostálgica, pero intenté articular un relato donde la noción de tiempo estuviera muy presente.