Joseba VIVANCO
Athletic

Susaeta se va, pero no olvida

El capitán reconoce que determinadas «circunstancias no han ayudado» a cumplir su sueño de ser un «One Club Man del Athletic».

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Decía el siempre atinado periodista argentino Dante Panzeri que «el buen jugador no brilla. Brilla el juego que produce ese jugador. Y a veces brillan por él jugadores menos jugadores que aquel que hace brillar el juego». Markel Susaeta es de los que hacía y hace brillar al resto. De los que ponía brillo al juego. Incluso con su voz apagada y siempre alejada de los focos mediáticos, también brilló en su despedida ante los medios de comunicación, compañeros, cuerpo técnico y un presidente Aitor Elizegi que no se sentó junto a él, sino enfrente. Atento, a su vera, José Ángel Iribar, levantando acta del adiós sin lágrimas pero emocionado, de alguien a quien le han privado ser ese «One Club Man del Athletic» que dijo haber soñado ser, pero que dice adiós como un verdadero gentleman.

Se va, de momento, sin una palabra más alta que otra, pero hablando entre líneas, deslizando cierta autocrítica por ‘buenista’ pero enviando un sucinto mensaje con nítido destinatario. «Soy discreto, no me gustan los titulares, por eso la controversia en la que me he visto envuelto me duele mucho, y quizás el culpable sea yo por nunca haber dicho una palabra más alta que la otra, por haber antepuesto el interés del club por encima del mío, o por haber aceptado siempre el rol que me tocara, en cualquier circunstancia o momento». Por eso, «a pesar de que mi sueño era ser un One Club Man del Athletic, las circunstancias no han ayudado a que esto suceda. Permitidme no entrar en ellas y que siga siendo un jugador discreto y más en los últimos años con la responsabilidad que como capitán contraje. Es el momento de dar un paso al lado y apoyar al club como socio, no como jugador». El equipo todavía se está jugando mucho y toca remar en comunión.

«Lo mejor para ambas partes»

Markel Susaeta esbozó una sonrisa antes de dar lectura a su esperado comunicado, alternando euskera y castellano, sin preguntas –«ya habrá tiempo para las entrevistas»–, en el que dejó entrever que no se quería ir, pero que circunstancias que explicará en su momento se lo han impedido. Solo, sin el presidente del club a su lado –que se encontraba sentado entre los jugadores y junto a Iribar–, con silencios para tragar saliva, visiblemente emocionado en su entrecortada oratoria, anunció su adiós como un señor. Las lágrimas han corrido por cuenta de alguno de sus compañeros presentes, como Beñat, amigo desde la infancia del de Eibar. Cosas de futbolistas, decía un presente al acabar la comparecencia. Como afirmaba el periodista Enric Gonzñalez, «fútbol es fútbol, y todo lo que al fútbol se refiere parece convertirse en espectáculo y divorciarse de la vida».

El jueves pasado se reunieron con él. Al fin. Al fin y al cabo, habrá que decir, para el Club se trata de un jugador igual que cualquier otro al que se le acababa el contrato. «Les transmití mi decisión de no querer ni siquiera conocer el contenido de la oferta», confirmó. «Las circunstancias no han ayudado», añadió, «lo mejor para ambos es que no siga en el club», y hasta ahí quiso leer. Sobraban más palabras, el mensaje lo transmitía alto y cristalino, quedaba en evidencia que se va dolido por las formas y el fondo, aunque agradecido. Lo último hacia una afición que nunca le ha valorado suficiente, pero a la que estima «por su apoyo, sobre todo, en los malos momentos, siempre habéis estado ahí». A todos sus entrenadores, a los empleados, a su familia, y, en especial, a los «amigos que me llevo, amigos de verdad, amigos con los que irías a la guerra –un guiño a aquellas palabras con las que su compañero Mikel San José salió en su defensa–, son muchos años dentro de un vestuario y sé que os voy a echar de menos».

Futbolista de triste figura, encorvado, más Garrincha que Gorostiza, de driblo y me voy. Introvertido, generoso. Números en el Athletic al alcance de muy pocos. Solo esa áspera barba de encender cerillas que envidiaría el mismísimo Clint Eastwood, delata que un día dejó de ser cachorroro para convertirse en león. Ahora, se corta, le cortan, la melena. Ohore handixa izan da, se despedía. El honor es nuestro.

Gestionar las despedidas ante el Celta

Uno de los más cariñosos homenajes, con más elegancia incluso que la de su propio club, fue el que le dispensó a Susaeta el exjugador y entrenador del Valladolid, Sergio González, cuando declaró en la previa: «Pensamos que Beñat va a hacer su mejor partido, que San José va a hacer su mejor partido, que Williams va a rompernos quince veces, que Susaeta va a estar bien en el uno contra uno...». Este último detalle del de Hospitalet para con el eibartarra, sabiendo el secundario papel del jugador que luego ni fue convocado, es para quitarse el sombrero. El domingo, ante el Celta, veremos cómo el Club y el propio Gaizka Garitano gestionan tal cúmulo de emociones con la despedidas de Susaeta, Iturraspe y Rico sobre el césped, aderezadas por esa entrega in mmorian del Once Club Man Award al malogrado Billy McNeill y que, todo ello bien agitado, puede tener algo de plebiscito de la grada hacia la Junta Directiva de Aitor Elosegi.J.V.