13/07/2019

Francisco Dos Reis
Presidente CEEN (Central de Entidades Empresarias Nacionales)
Para acabar con el neoliberalismo

La construcción del quinto poder, que en esta etapa tan difícil está costando tanto reconstruir, es el poder de la gente, a partir de los reclamos que siempre existieron. Un ejemplo de ello fue el Cordobazo (1969) y un sinfín de movilizaciones que dieron por tierra con dictaduras omnipotentes y que volvieron a reconstruir el poder social. Es la mayor y mejor alternativa que tenemos, y la única insustituible. Siempre fue así, pero hoy el desafío es más complejo.

Posiblemente sea uno de los desafíos más difíciles que hayamos tenido que sortear, pero no hay alternativa: es la única herramienta posible para construir un espacio de unidad nacional de los sectores populares para acabar con este dislate del proyecto neoliberal. La sensación que tenemos es que la soberanía política está en severo riesgo, lo cual va más allá de la interpretación que cada uno tiene de este complejo momento histórico.

Estamos sometidos a un poder centralizado que siempre existió. Pero hasta hace unos años, cuando un país caía en las manos de estos sátrapas, solían utilizar la frase «este es un país bananero». Hoy la Argentina en sus manos es el más perfecto plan de convertirnos en un país financiero, donde el capital financiero es el centro de los objetivos de los grandes capitales concentrados. Lo que antes llamaban republiquetas bananeras, hoy son republiquetas financieras, modelo que da por tierra con los proyectos industriales y de desarrollo. Miles de pyme cierran o están en crisis, luchando por sobrevivir. Pyme y no tan pyme. Un desguace que también abarca a las empresas del Estado. Si no reaccionamos a tiempo nos van a llevar un siglo para atrás. La única respuesta posible es la contraofensiva popular que se conjuga en la unidad del movimiento obrero, las pyme, la economía social, las empresas recuperadas y los pequeños productores agrarios.

El tiempo que transcurre juega en contra del modelo de país que queremos construir, urge consolidar un espacio productivo. Es un imperativo que los dirigentes podamos encontrar el camino de la unidad y la respuesta. El tiempo perdido atenta contra nuestros intereses.

Nosotros, los empresarios pyme, necesitamos sostener con el mayor esfuerzo posible las fábricas abiertas y con los trabajadores dentro. Hay tres razones fundamentales que nos enfrentan con la flexibilidad laboral, que suena como canto de sirena en los oídos de algunos empresarios distraídos o egoístas. El primero es que capacitar a un trabajador es una inversión de mediano y largo plazo. Segundo es sumirlo a la desesperación de quedarse sin su sustento, sin futuro. Y el tercero es la caída constante de la demanda, que es un círculo vicioso: menos trabajo, menos consumo. La flexibilización laboral no es eficiencia, no son mejores resultados en la empresa. En cada lugar en que se aplicó, se reflejó en pérdidas de condiciones de trabajo, degradación de la condición humana, en pérdidas de las reivindicaciones que tanto costó a los trabajadores ¿No sería mejor dejar de pagar la energía a los precios que la estamos pagando, o las tasas de interés a los bancos más altas del mundo, que afectar la demanda a través de la reducción del salario?

Si aceptamos la alquimia reaccionaria y neoliberal, lo que está en riesgo es el Estado nación. Por eso el desafío es la unidad del campo nacional y popular tanto en el espacio gremial o social. Hay que abandonar los egos, la soberbia y el mesianismo. Hoy lo más importante, como decía el general San Martin, es la patria, lo demás no importa. Y la patria somos todos.

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