03/08/2019

EDITORIALA
Conciencia feminista ante una violencia estructural

Una joven de 18 años denunció haber sido violada por un grupo de seis hombres la noche del pasado jueves en Bilbo, tras lo cual los presuntos agresores fueron detenidos. Los hechos, por los que la víctima tuvo que ser atendida en un centro hospitalario, fueron denunciados de forma inminente por parte de instituciones, organizaciones feministas, agentes sociales y políticos. También por una multitud de gente que salió ayer a la calle en respuesta a la movilización convocada por el movimiento feminista. El rechazo a la violencia machista, de cuyas profundas raíces se ha comenzado a tomar conciencia social sobre todo de un tiempo a esta parte, volvió a quedar claro ayer. Sin embargo, los síntomas de lo que sigue siendo un grave problema son preocupantes.

El caso de la violación grupal en Sanfermines de 2016 marcó probablemente un precedente importante en el trabajo que desde años viene haciendo el movimiento feminista para abordar la violencia sexista. No es el único ejemplo, pero es cierto que deja importantes lecciones a tomar en cuenta y desnuda malas prácticas que no pueden volver a repetirse. Desde el tratamiento judicial al mediático, los signos de que la violencia machista no siempre se aborda desde la perspectiva adecuada son evidentes. No estamos ante hechos aislados y excepcionales perpetrados por seres monstruosos. Como bien indica la investigadora Nerea Barjola, el discurso del terror sexual está profundamente arraigado en nuestra estructura social. Se tiende a enjuiciar a la víctima y aleccionar a las mujeres, coartando una vez más su libertad y sus derechos.

Los hechos denunciados en Bilbo vuelven a ponernos frente al reto de tomar posición ante la violencia sexista. El movimiento feminista lleva décadas inculcando sus valores y cada nuevo caso demuestra la urgencia de que el conjunto de la sociedad y sus instituciones los hagan suyos, dándoles prioridad a través de políticas feministas.