15/08/2019

Eva Aranguren Arsuaga
Concejala de EH Bildu en Iruñea
¿Qué dice ahora la concejala de Igualdad sobre Skolae?

La derecha jamás ha estado a la vanguardia del reconocimiento de los derechos de ningún colectivo discriminado. A menudo representa y defiende todo lo contrario, en una actitud de resistencia al cambio que en el caso de Navarra ha sido particularmente pertinaz contra los derechos y libertades de las mujeres y el colectivo LGTBI.

No hay que olvidar que la derecha a nivel estatal se abstuvo en la Ley del Divorcio (1983), se opuso a la del aborto (1985 y 2010), trató de vetar el matrimonio homosexual (2005) y recurrió la ley de igualdad (2007). En Navarra, se opuso a la ley de parejas estables (2000) y no apoyó la Ley LGTBI (2017): UPN se abstuvo, el PP votó en contra. Aquí se ha negado sistemáticamente a garantizar la práctica del aborto en la sanidad pública: solo con la llegada del Gobierno del Cambio se posibilitó ese derecho. Estas resistencias obedecen a razones y prejuicios ideológicos sobre qué debe ser una familia, qué es un matrimonio o qué opciones de orientación sexual e identidad de género son legítimas. Creencias negadoras de derechos que persisten y se están rearmando ante el avance del feminismo.

Cualquiera que haya vivido en Pamplona los últimos cuatro años sabe qué importancia tuvo la llegada del Gobierno del Cambio liderado por Joseba Asiron a la alcaldía para que se dieran pasos determinantes en materia de igualdad. El cambio lo fue en actitud y en compromisos concretos contra la violencia de género. Si en julio de 2016 ante el caso «La Manada» la institución municipal se alineó con la víctima y se puso a la cabeza de la manifestación de repulsa fue porque se tomó la decisión política de no ocultar sino denunciar públicamente cada agresión. Una decisión consciente, tomada en coordinación con el movimiento feminista y con las personas profesionales de igualdad, que reclaman que no se silencien las agresiones.

¡Qué diferente actitud la de Asiron frente a la de Yolanda Barcina y su equipo en sanfermines de 2008, ante el asesinato de Nagore Laffage! Entonces, UPN se abstuvo ante la propuesta de que Iruñea se personara como acusación en el caso Laffage. En 2016, en cambio, el gobierno municipal decidió de motu proprio personarse. Hoy Pamplona se ha convertido en un símbolo de respuesta social y política contundente ante la violencia de género y de compromiso de los colectivos festivos contra este grave problema. Y si hoy existen un protocolo municipal contra las agresiones sexistas y una Casa de las Mujeres es gracias al gobierno cuatripartito.

Pero, pese a todos estos hitos, el riesgo de involución persiste. No es casualidad que la primera decisión política del gobierno de Maya fuera recurrir la convocatoria de dos plazas de técnicos de Igualdad. O que el alcalde contraviniera la propuesta de las técnicas de Igualdad y se dirigiera solo en masculino a toda la población en el programa oficial de fiestas. Más grave aún es que este año, y pese a mantenerse la campaña municipal contra las agresiones sexistas, UPN haya incumplido el protocolo, y esperó hasta el final de los sanfermines para dar a conocer los cuatro casos de agresión denunciados. No es una decisión inocente: ha cortocircuitado cualquier respuesta social de repulsa y ha vendido una imagen falsa de «no pasa nada». Una actuación muy grave que ya denunciamos en el balance de fiestas.

Vista la actitud ideológica que en materia de igualdad mantienen la derecha navarra y estatal, no extraña que les perturbe el programa coeducativo Skolae, que hace justo lo contrario: pone la desigualdad y el machismo en el origen del problema.

La semana pasada, la Unesco ha concedido el premio de Educación de Niñas y Mujeres 2019 a este programa educativo. Galardón que avala la calidad, innovación y buenas prácticas de este programa pionero en Europa, diseñado y elaborado por excelentes profesionales. Profesionales, por cierto, a los que se ha llevado a los tribunales. Desde aquí, toda nuestro apoyo a estas personas.

El reconocimiento internacional deja más en evidencia, aún, las difamaciones vertidas hace un año (Comisión de Presidencia del 05.11.2018) por la hoy concejala de Igualdad del Ayuntamiento de Pamplona, María Barberena. Barberena llegó a decir que Skolae «es determinismo ideológico del feminismo más radical, un feminismo que victimiza a la mujer hasta el punto de no considerarla una ciudadana de pleno derecho». Afirmó sobre este programa que «no se puede tratar de cambiar la sociedad metiendo ideología con calzador, utilizando regates (…) para doblegar voluntades y limitar así la libertad de los padres. No se puede instaurar el pensamiento único por ley, que es lo que pretende este programa». Dijo la edil que Skolae «se quiere usar para adaptar la sociedad a una ideología determinada, la marxista» y «busca el adoctrinamiento de los menores». Esta sarta de acusaciones sería solo muestra de atroz ignorancia, si no fuera porque la formula la persona nombrada para diseñar las políticas públicas dirigidas a fomentar la igualdad entre mujeres y hombres en Pamplona.

Es obvio que Navarra Suma –UPN y algunos de los partidos del trifachito– quiere deshacer todo lo andado estos años: que no se eduque en igualdad, que la educación afectivo-sexual sea relegada al ámbito familiar, que no se hable tanto de violencia de género y, sobre todo, que no se vaya al origen del problema. En definitiva, que nada cambie. Según la responsable de Igualdad «Skolae tiene un sesgo ideológico evidente, y la administración debe ser neutral ideológicamente». ¿De verdad la administración pública debe ser neutral ante la violencia de género y sus causas?

Ahora que la Unesco, organización internacional poco sospechosa de sesgos ideológicos, pone a Skolae como ejemplo, ¿mantiene la señora Barberena sus acusaciones? Esperamos que rectifique, porque de lo contrario, ¿qué legitimidad puede tener como responsable máxima de Igualdad en Pamplona?