06/10/2019

Antonio Alvarez-Solís
Periodista
Otra cosa

Tras una crisis arterial el médico que cuida mi ancianidad me ha aconsejado no consumir elecciones. «A su edad –me dijo– debe evitar irritaciones».

He decidido hacerle caso. Morir por la patria constituye una de las tantas estupideces inventadas por los que viven de ella.

Por tanto, y si mi director en “GARA” me lo permite voy a dedicar este retazo dominical a publicar una serie de notas que voy acopiando con el afán de dejarles algo a mis herederos.

Son notas que me sirven de guía para completar un libro que hace años escribo acerca del cambio de civilización. Una civilización nace cuando llegan los bárbaros nuevos y se van los bárbaros viejos. Y en eso estamos.

Un amigo que hace años no veía ha decidido visitarme en el pueblo. Ha ganado dinero en la emigración y ha decido verme, creo, para mostrarme su magnífico coche inteligente. «Le das a un botón –me ha resumido con ojos extraviados por el placer– y el automóvil se pone en marcha, gira, acelera, frena y aparca por su cuenta. Además responde al teléfono y aclara al que llama si puedo o no puedo hablar». Y ha añadido: «No sé qué haces en este pueblo».

El coche es magnífico, pero me pregunto por qué los fabricantes no han hecho antes un conductor inteligente, porque mi amigo es absolutamente idiota.