11/10/2019

Santiago ALBA RICO
Filósofo y arabista
Fin del bipartidismo y la ingobernabilidad en Túnez

El domingo pasado Túnez celebró elecciones legislativas. Este próximo domingo celebrará la segunda vuelta de las presidenciales. ¿Qué conviene saber? De entrada hay que fijarse en algunos datos laterales que retratan el país tras publicar la Instancia Electoral los resultados de los recientes comicios parlamentarios. Veamos.

La nueva composicióndel Parlamento haceahora más irrelevantes los resultados del próximo domingo, donde se espera lavictoria de Qais Said,el jurista conservadorsin partido

La abstención ha rozado el 60%, pero las regiones más desfavorecidas, las que hicieron la revolución de 2011, han votado mucho menos que la media; en cuanto a la abstención entre los jóvenes de menos de 25 años, motores del cambio, supera el 90%.

Segundo dato y no menos revelador: mientras que el 64% de los votantes han sido hombres, sólo un 36% de las mujeres ha acudido a las urnas; al mismo tiempo, mientras que el Parlamento surgido de las elecciones de 2014 incluía a 49 diputadas (un pobre 24%) esta vez no habrá más que 20 (un escuálido 10%). La conclusión inmediata es muy obvia: ni los pobres ni los jóvenes ni las mujeres, los tres sectores que más visibilizó la revolución de 2011 y que más legitimidad dieron a la transición democrática, se sienten ya reconocidos en el marco institucional vigente.

Respecto de los resultados del pasado domingo, confirman lo que ya vimos en las presidenciales: que los que sí han decidido votar han expresado también su distanciamiento o desconfianza en relación con las instituciones y los políticos que las han gestionado estos años.

De los catorce partidos representados en la Asamblea Nacional en la última legislatura sólo cuatro mantienen presencia parlamentaria y de entre ellos sólo los dos más pequeños han crecido en porcentaje y diputados. El resultado de los dos más grandes revela la brevísima vida del bipartidismo en Túnez. El partido postislamista Ennahda y el postlaico Nidé Tunis, apañado a toda velocidad en 2013 para concurrir a las elecciones, buscaron a partir de 2014 una fórmula de consenso para compartir o repartirse el poder, fórmula que se ha venido estrepitosamente abajo en un relámpago.

Ennahda ha ganado las elecciones, sí, pero ha perdido 20 puntos respecto del año 2012 y tendrá que conformarse con 52 escaños (sobre 217) en la nueva legislatura.

En cuanto a Nidé Tunis, el partido fundado por el fallecido presidente de la República, vencedor en 2014, prácticamente ha desaparecido y sólo contará con tres representantes en la nueva Cámara, en la que habrá –muy significativo– veinte formaciones políticas, dieciséis de ellas inéditas, y once diputados independientes.

¿Quién ha vencido, aparte de la abstención? El desánimo, la desesperanza, la indignación, el rechazo de la política, la nostalgia del pasado, el anhelo de seguridad, el conservadurismo social, las mismas «emociones» muy «europeas» que en la primera vuelta de las elecciones presidenciales del pasado 16 de setiembre dieron la victoria a dos candidatos «anti-sistema», descartando a los políticos del establishment.

De hecho, la segunda fuerza en el nuevo Parlamento será Qalb Tunis («Túnez en el corazón»), el partido del magnate televisivo Nabil Karoui, hasta ayer en prisión, al que las últimas revelaciones sobre un contrato con una empresa de lobbyng en EEUU castigará sin duda en la segunda vuelta de este domingo. Su formación, ultraneoliberal e islamofóbica, que contará con 38 diputados, se ha convertido en una pieza clave en la difícil gobernabilidad del país.

En cuanto a la izquierda tradicional, y tras la última escisión del Frente Popular, ha desaparecido de las instituciones. Su único diputado en el Parlamento devuelve a los partidos marxistas al lugar donde estaban con Ben Ali: marginalidad política y desconexión de la realidad.

En un momento en el que el Gobierno ha tenido que recurrir a aumentar la deuda externa para inyectar dinero en los bancos y sostener el dinar frente al euro y en el que, por tanto, la crisis económica y social está erosionando seriamente la vida material de las clases medias y populares, este fracaso revela su pésima visión política y deja el terreno libre a populismos neoliberales y conservadores. La total desaparición de la izquierda tradicional queda apenas compensada por el buen resultado (tercera fuerza con 22 diputados) de Corriente Democrática (Tayar Dimucrati), una formación encabezada por Mohamed Abbou, ex-ministro del primer gobierno democrático (2011-2012) que fundó su propio partido tras alejarse de Moncef Marzouki, el que fuera presidente de la república en el (olvidado) gobierno de coalición de Ennahda con dos partidos de izquierda. Su rechazo a participar en cualquier negociación con los partidos vencedores, quizás sensata, hará aún más difícil encontrar una fórmula de gobierno.

La nueva composición del Parlamento hace ahora más irrelevantes los resultados del próximo domingo, donde se espera la victoria de Qais Said, el jurista conservador sin partido cuya visión radical de la democracia lo dejará completamente aislado en el Palacio de Cartago.

Ennahda apoyará su elección, pero es imposible que secunde sus proyectos de reforma constitucional; y menos aún que se apueste en estos momentos por un régimen más presidencialista. Las concesiones de la formación postislamista en los últimos años –renuncia a gobernar en solitario, consenso de élites, apoyo a gobiernos desastrosos, moderación programática– la han arrastrado en el desprestigio de un sistema que ahora está obligada a apuntalar, aun a riesgo de perder más apoyo.

Ennahda forma parte ya del establishment, como han señalado los votantes, y tendrá que buscar algún acuerdo contra natura para alcanzar los 109 votos de una futura investidura.

Todos los analistas advierten contra una repetición electoral que el país –dicen–no se puede permitir. La crisis es honda y estructural. Con un presidente outsider, un Parlamento atomizado y en circunstancias tan adversas, ¿veremos, como algunos anuncian, una coalición ancha e híbrida que incluirá a Ennahda junto a su máximo declarado enemigo, el corrupto magnate populista Nabil Karoui? Tardaremos al menos dos meses en saberlo.