13/12/2019

Mikel Zubimendi
Aliento, horizonte y munición de ideas a la resistencia vasca

Joxe Azurmendi es un erudito que deja chupinazos que desencadenan una explosión frenética de turbulencias. Es un pensador incómodo y a contracorriente que derriba puertas y mete caña con látigo, que no acepta marcos mentales impuestos ni autoproclamadas superioridades morales de nadie. Un abertzale firme, con orgullo existencial, y a la vez muy moderno y avanzado. Sin vergüenzas ni miedos para reconocer y reclamar lo que somos. Es un enemigo acérrimo del estereotipo de Txomin del Regato, ese bonachón de apariencia noble que pone la otra mejilla, que se comporta como vasco al grito de «¡chucho! ¡chucho! busca la pelotita».

El filósofo de Zegama es luz, capacidad de visión y de compartir esa visión. Interpela las mentes. Porque para él tiene que ser el pueblo, tiene que hacerlo la comunidad organizada. Seleccionando lo mejor del pasado, la condensación de la memoria, con el máximo respeto a lo ancestral y con la máxima valentía para que se transforme, cambie y se genere, sin miedo a lo que depare el viaje.

Azurmendi ha sido el filósofo de la resistencia vasca. Más allá de la universidad y de su endogamia, muy a menudo vergonzosa, su obra ha sido leída en pisos francos y en celdas de castigo. En ella, llega a explicar la existencia de un franquismo sin Franco o que ETA no es solo ETA, sino que es la clave, el dato político más determinante de Euskal Herria en el último siglo. Y como buen antidogmático, sabe que las ideas y los valores tienen hoy un significado que no es el de antes, que muchos conceptos tradicionales ya no casan con la realidad. Y por ello, «con lo bueno y con lo malo de ETA» según sus palabras –sin decir nunca si hubo más de lo uno o de lo otro, pero dando a entender a los buenos entendedores–, creyó, como muchos, que el fin del ciclo de ETA no llegó pronto y le preocupó, como a tantos otros, si no había llegado demasiado tarde.

Su pensamiento ha drenado y ha sido canalizado por la conciencia colectiva del pueblo abertzale, al que siempre ha dado aliento, horizonte y munición de ideas. Las ideas no pueden ser detectadas por los drones, no pueden ser bombardeadas y destrozadas en mil pedazos. Las ideas por sí solas no solucionan los problemas, pero en Euskal Herria no hay política sin ideas como las de Joxe Azurmendi.