04/07/2014

Xabier MAKAZAGA
Investigador del terrorismo de Estado
El secuestro de Marey

En su artículo, Makazaga recuerda que absolutamente todas las muertes causadas por la guerra sucia continúan sin ser del todo esclarecidos por la Justicia española. Asegura que los jueces españoles han adolecido de falta de interés por esclarecerla: «han investigado bien pocos casos y en ninguno de ellos lo han hecho hasta el final», ya que incluso las acciones que se consideran totalmente esclarecidas «están muy lejos de serlo». Como ejemplo de esa realidad, se centra en la primera acción reivindicada por los GAL bajo esas siglas, el secuestro de Segundo Marey, y desmonta las declaraciones de responsables políticos y policías españoles y franceses e incluso lo que la Justicia española dio por probado en una sentencia que ni siquiera mencionaba las torturas que sufrió Marey.

Los jueces españoles han mostrado siempre una clara falta de interés por esclarecer la guerra sucia. En efecto, han investigado bien pocos casos y en ninguno de ellos lo han hecho hasta el final. Absolutamente en ninguno. El 100% de los asesinatos debidos a la guerra sucia continúan sin ser del todo esclarecidos por la Justicia española, que sigue sin querer saber nada sobre la identidad del responsable máximo de los GAL, el señor X.

Todo el mundo sabe de sobra quién era el señor X, pero la gran mayoría de la gente desconoce, en cambio, que incluso las acciones de guerra sucia que se consideran del todo esclarecidas están muy lejos de serlo. Sirva como ejemplo la primera acción reivindicada usando las siglas GAL, el secuestro de Segundo Marey. Una acción sobre la que tanto responsables políticos como policías españoles y franceses ocultaron no pocas cosas.

Además, es fácil probar que mintieron descaradamente respecto a otras. Por ejemplo, afirmaron que el objetivo del secuestro era el refugiado Mikel Lujua y que se dieron cuenta de la confusión en cuanto Marey fue entregado en la frontera al subcomisario José Amedo. Imposible. La Justicia española dio por probado que fue eso lo que sucedió, pero es evidente que tanto lo uno como lo otro era absolutamente falso.

Si el objetivo de los secuestradores hubiese sido Mikel Lujua, y Amedo se hubiera dado cuenta del error enseguida, es del todo imposible que después sucediera lo que sucedió y contó «El País»: los secuestradores de Marey «le intentaron sacar información fundamentalmente sobre personas, empresas y entidades que pagan el impuesto revolucionario a ETA, así como el destino de las cantidades económicas obtenidas por este sistema».

Lo que contó «El País» fue, además, del todo concordante con lo que afirmaba el famoso comunicado manuscrito, dos días después del secuestro, por el entonces Gobernador Civil de Bizkaia, Julián Sancristobal, y el Secretario General del PSOE de Bizkaia, Ricardo García Damborenea. En aquel comunicado, que guardó celosamente Amedo durante años y sirvió para probar la implicación directa de ambos responsables políticos, se decía que Segundo Marey había sido secuestrado «por participar en el cobro del impuesto revolucionario». En el siguiente comunicado, ya no mencionaron nada similar.

Es indiscutible que Marey fue sometido a torturas, hasta que sus secuestradores se tuvieron que rendir a la evidencia de que nada tenía que ver con ETA. Lo dice bien claro uno de ellos, el mercenario Jean Pierre Echalier, entre los minutos 8:25 y 9:05 del reportaje «GAL: asesinos de Estado», de Xavier Muntz y Bruno Fay, emitido por el Canal + francés.

También lo denunció el propio Marey en una entrevista: «Fue una tortura sistemática. Eran profesionales (...) Se reían de mi postura, de mi dolor. Tenía alucinaciones, pesadillas espeluznantes que se han repetido desde entonces». A pesar de ello, la sentencia condenatoria del caso Marey no mencionó para nada las torturas que sufrió y encima los jueces afirmaron que los secuestradores no lo interrogaron. ¡Vaya si lo hicieron! Con saña.

El mercenario Echalier precisa en el reportaje antes mencionado que pretendían secuestrar al «tesorero de ETA». Lo menciona con toda claridad dos veces, y lo que está más allá de cualquier duda es que, al menos hasta el segundo día tras el secuestro, tanto mercenarios como autoridades y policías españoles estaban persuadidos de que Segundo Marey tenía mucho que ver con las finanzas de ETA.

Esa historia de que pretendían secuestrar a Mikel Lujua, que nada tuvo que ver nunca con dichas finanzas, no resiste el más mínimo análisis. La verdadera confusión consistió, sin duda, en creer que Marey era «el tesorero de ETA», y algunos de los implicados, si no todos, seguro que saben por qué llegaron a semejante conclusión. Una conclusión a primera vista totalmente absurda, pero que debe tener alguna explicación.

En su libro «Cal viva», Amedo vuelve a mentir al respecto. Sigue pretendiendo que decidieron secuestrar a «Mikel Lujua Gorostiola, responsable de finanzas de la banda, después de que el policía Guy Metge facilitara durante un almuerzo en Bilbao su dirección en Hendaya y un plan para secuestrarlo a través de un grupo de mercenarios».

Amedo sabe de sobra que Lujua nunca tuvo absolutamente nada que ver con las finanzas de ETA y que Metge no facilitó la dirección de Lujua en Hendaia, sino la de Marey, al que todos los presentes en aquel almuerzo consideraban «responsable de finanzas de la banda». Y así lo siguieron considerando hasta que, tras someterlo durante días a duras torturas, se tuvieron que rendir a la evidencia de que Marey no tenía absolutamente nada que ver con ETA.

Hoy día, Amedo sigue afirmando que su secuestro fue sólo un «error relativo», cuando sabe de sobra que la metedura de pata fue de escándalo. También tiene que saber el motivo por el que pensaban que Marey era «el tesorero de ETA», pero eso seguro que intentará llevárselo a la tumba, mientras sigue soltando su habitual retahíla de medias verdades y descaradas mentiras.

Una de las mentiras que suelta respecto al caso Marey es de las de marca mayor. Pretende que «Los hombres de Intxaurrondo querían hacerse con Marey para introducirlo como topo en Sokoa después de amedrentarlo». Un despropósito del que sólo la primera parte responde a la realidad. También Galindo quería secuestrar a Marey, pero no precisamente para «amedrentarlo», sino para hacerlo desaparecer como a los refugiados Lasa y Zabala. Se le adelantó Amedo, que sigue fanfarroneando sobre sus «hazañas» de entonces, sin que la (in)Justicia española tome medida alguna.

¿Hasta cuándo?