Marco Sierra

Alleko y el hayedo de Enirio-Aralar

gara-2014-05-26-Noticia
Caminar entre el hayedo es agradable.

Muchos de nuestros lectores saben que, en tiempos inmemorables del Neolítico, se produjo la tala de extensos bosques para el aprovechamiento de la agricultura. Y en Aralar, principalmente de la ganadería. Bastantes son los que han oído hablar de que los municipios del piedemonte del Aralar de Gipuzkoa exigieron al rey Enrique III de Castilla poder seguir utilizando su monte, y que todos ellos agrupados, al igual que lo había hecho Nafarroa, conformaron la primera mancomunidad de Gipuzkoa (Mancomunidad de Enirio-Aralar), abarcando desde Larrunarri (Txindoki) hasta Lareo y Alleko y desde Sastarri hasta la muga. Pocos son los que conocen cómo era su hayedo hace 200 años. Ocupaba una superficie el doble que la actual y esta excursión se ocupa de conocerlo. El de ayer y el de hoy, el de principios del siglo XIX y el del siglo XXI.

Alleko

Partir de Lizarrusti parece obligado (principio y fin de etapa de la vuelta a Gipuzkoa GR121, de la travesía de Euskal Herria GR12, de la travesía a Zumaia y, cómo no, de la vuelta a Aralar GR20). De esto y de más habla un poste junto a la carretera, el cual nos lleva a otro. En ambos nuestra meta: Igaratza. El sendero no tarda en girar a la izda, ascender y ofrecernos un bosque con lapiaz encantado. A los 20´de ascensión y sumisos al giro a derecha de la GR, evitamos el sendero local.

De esta manera nos acercamos a una valla (límite de propiedad y herrialde) y a un haya con las marcas roja y blanca de la GR. Siempre junto a la valla, el recorrido se inclina, hasta que gira a dcha, lo que permite dar un respiro y contemplar en los claros la masa forestal de Lizarrusti y su continuación hacia Sakana. Cuando el sendero entra en el mundo de Basajaun, se abre la mejor opción para afrontar en subida directa, la cima visible de Alleko a nuestra izda, en ascensión de poco más de 10´ por terreno despejado (1.00h).

Descender hacia el N es introducirnos en el hayedo de Enirio-Aralar, (concretamente en su «trozo nº 2» uno de los 6, en los que se dividió el hayedo hace 200 años) y girar ligeramente a derecha, es encontrarnos los mugarris MP de monte público de Enirio-Aralar, hitos que nos llevan al collado y a la GR (las GR) hace poco abandonadas. En el collado, hay foto. Entre la masa forestal, al fondo asoman Ganbo a izda y Pardarri a dcha. Su «descolgado» hayedo, nos guiña el ojo. Gero arte. Entramos en el «trozo nº3».

Seguir la GR en dirección E por camino cómodo, primero en ligero descenso (segundo collado) y luego en ascenso, permite advertir un camino ancho por la derecha y otro por la izda. Ni uno, ni otro. Nosotros al frente y las marcas en el suelo, en el haya derribada por la «ciclogénesis explosiva».

Entramos en el «trozo nº4». A los 20´ estaremos atentos a un ligero giro a izda con marcas en el suelo. Este tramo ascendente finaliza tras pasar algún claro que permite ver como emerge Putterri a derecha. De loma a loma, hasta Oregigaina, (2.25h), última loma arbolada, antes de que aparezcan los rasos extensos de Aparain y Ormazarreta. En dirección S se puede descender a un pequeño collado y subir a Putterri agachando la cabeza en gesto de respeto a la montaña en su cueva, y afrontar por sendero su ascensión en recorrido de ida y vuelta, que añade 40´ más a esta excursión.

Fieles a las marcas atravesamos Aparain, un pequeño karst y de nuevo el hayedo (oriente del «trozo nº4»). Con el objetivo de recuperar suelo y homenajeando aquel hayedo, se plantaron hace años centenares de hayas que dejamos a derecha a la vez que pasamos las fuentes «naturales» de Maizegi erreka, y más adelante, la «artificial» de Igaratza. Descansamos y contemplamos las vistas. (3.05h). Trozo nº5. ¿Y el hayedo?

Al fondo Aizkorri-Aloña, Gorbeia, Anboto, su Duranguesado y su primo-hermano menor Udalatx. Más cercanos, a la izda el cordal boscoso de Akaitz, Akaitz Txiki y Sastarri, debajo de él la pista de entrada a Enirio-Aralar, un poco más a la derecha y elevado la llegada de esa pista a la borda de Enirio, y más arriba el cordal de Gaineta-Uarrain y su prolongación hacia las cimas de Ganbo triangular y herboso y el más cercano Pardarri y su hayedo. ¿Y su hayedo?

Enirio-Aralar 1821

Enirio-Aralar 1821. Unan ahora con la vista, en línea recta imaginaria, Enirio y Pardarri, dejando libre las bordas de Pagabe y unan esa cima con Igaratza, hasta esa línea era el hayedo, hasta que se dividió y se «obligó a talar los lotes 5º y 6º», el primero a matarrasa, el segundo seguramente también. La baja accesibilidad y el alto esfuerzo necesario salvaron de la tala, el actual hayedo descolgado de Pardarri.

Atravesando Igaratza en dirección N, girando al W por sendero y pista y dejando a izda la borda de Beaskin, cuando esa inicia un fuerte descenso, giramos a derecha por diminuto valle, que entra en la majada de Doniturrieta Garakoa y en su coqueto hayedo hasta enlazar con un camino evidente con bellas vistas a izda. Entramos en el «trozo nº6» con ladera desarbolada a dcha.

Al cabo de media hora, un haya de tronco muy grueso y una borda abandonada (Eskizubarrena) dan la oportunidad de visitar otra aún más gruesa, (quizás la más gruesa de Gipuzkoa) para lo cual debe desviarse el lector 150m a izda, primero en ligera subida y luego bajada, en trayecto de ida y vuelta por el mismo sitio. Si estas hayas hubieran nacido unos metros más arriba hoy no existirían...

De nuevo en Eskizubarrena, manteniendo la dirección alcanzamos Enirio (4.15h), donde vemos indicado Lizarrusti (Gaztaren ibilbidea) lo que supone descender por terreno desconocido (entrar al trozo nº 2) y junto a Akaitz Txiki y su poniente, beber en una iturri y llegar a Baiarrate, a la pista de Lareo y al trozo nº1. Tomando a dcha, otro poste posterior indica Lizarrusti a izda, y rodeando el embalse y coronándolo, llegamos a otra pista que desciende a la base del embalse. Diversos puentes, (el primero sale de Enirio-Aralar), un pequeño túnel, todo ello sobre sendero arreglado en balcón en primera línea de hayedo, con vistas parciales al de Lizarrusti, son la delicia previa, a la kaña con limón, que nos espera enseguida.