Daniel   Galvalizi
Periodista
Entrevista
Vicente Rubio-Pueyo
Académico y escritor

«La amenaza del fascismo es tan grande que nos obliga a defender cosas que antes criticábamos»

En ‘Un país entre dos tiempos’, el académico Vicente Rubio-Pueyo desglosa la década que va desde la gran crisis y pasa por el 15M, el ‘procés’ y acaba en el Gobierno de Sánchez. «Todavía seguimos instalados en la crisis del neoliberalismo, no ha habido un relato que sustituya ese paradigma», señala.

Vicente Rubio-Pueyo.
Vicente Rubio-Pueyo. (Cedida)

Cuando este profesor de lengua y cultura española llegaba a EEUU para su doctorado, el presidente allí era George W. Bush y todavía no había estallado por los aires el modelo neoliberal. Siempre con un pie en su ciudad actual, Nueva York, y otro en su originaria Zaragoza, Vicente Rubio-Pueyo ha vivido esos años turbulentos en las dos costas, yendo y viniendo.

Esa travesía constante lo ha hecho escribir en doble perspectiva, y mientras es docente en la Fordham University, el libro ‘Un país entre dos tiempos’ (Ed Lengua de trapo, 2025) radiografía una década del Estado español entre 2011 y 2020. «Hay una crisis ideológica y cultural en España y otros países porque había un relato claro y ya no lo hay. No ha surgido un paradigma capaz de sustituirlo», reflexiona en entrevista con NAIZ.

La década que elige analizar va de 2011 a 2020. ¿Por qué?

Hay un multitud de razones académicas y también personales. Generacionalmente fui una persona que quedó muy tocada por lo que pasó en el 15M, aunque yo lo viví en EEUU, que aquí fue el Occupy y del cual participé. Este momento después de la crisis de 2008 quiebra una ilusión de estabilidad con la que muchas personas nos hemos criado. Soy un año mas joven que la Constitución española y todo el régimen de la transición es lo que hemos mamado, con la hegemonía socialista y los 90 del PP. Un relato de modernización, de salida de la oscuridad y llegada a Europa, un relato que marcó muchísimo y constituyó una hegemonía cultural.

En 2008 se derrumba todo eso, con la crisis abriéndose de manera dramática, con desahucios sin parar, se expande a una crisis social y cultural. El libro habla de esas crisis cultural a nivel macro, aunque yo creo que todavía seguimos un poco en eso, instalados en la crisis el neoliberalismo. En España lo que tuvimos es un ciclo muy progresista con el municipalismo y el 15M y luego toca la reacción desde el bloque de poder, un cierre autoritario consonante con la onda de la extrema derecha, y eso lo representa Vox, entendiendo a Vox no como un partido sino como una herramienta de sectores de poder que proponen un cierre autoritario y reaccionario de la crisis, de este interregno que no ha alcanzado un consenso. Vox es un acicate para derechizar más al PP, su misión es rearticular todo el campo.

¿A qué se refiere con instalados en la crisis del neoliberalismo?

Lo digo desde muchos niveles. Suelo explicar que el libro tiene ese título porque alude a dos tiempos, a esa década interregno entre los consensos del 78 y su derrumbe y hasta un nuevo tiempo presente que todavía no ha resuelto. Es una historia entre dos tiempos porque va, con sus condicionantes propios, desde la salida del franquismo que coincide con el nacimiento del neoliberalismo, y va hasta la gran crisis del neoliberalismo, como teoría económica y como paradigma político. Hay una crisis ideológica y cultural en España y otros países porque había un relato claro y ya no hay relato de país tan claro. No digo que fuera unánime pero sí era un relato mas o menos compartido y hegemónico.

«Las sensibilidades de la extrema derecha pueden ser un síntoma de que no se ha podido volver a eso de antes, y son una nostalgia imperial»

Las sensibilidades de la extrema derecha pueden ser un síntoma de que no se ha podido volver a eso de antes, a eso de la sensación de nación del primer mundo, y son una nostalgia imperial. No ha surgido ningún paradigma capaz de sustituir al neoliberalismo, por eso el libro intenta modestamente pensar cómo España en cierto modo en esta década fue una especie de laboratorio de lo que podía ser una política postneoliberal, cómo se empiezan a ensayar diferentes formas a izquierda y a derecha. Predomina un tono derrotista y triste de lo que se consiguió en esa época pero el libro quiere reivindicar que se hicieron cosas importantes también. Hubo debates interesantes, se puede criticar a Podemos, a los municipalismos, gustar o no, pero hubo debates potentes. Introdujeron elementos para pensar que todavía son válidos.

Dice en el libro que el origen del texto está en los debates en torno a lo que se denominó «Cultura de la Transición» y «Régimen del 78». ¿Esta década fue el inicio de la ruptura de esa cultura o solo hubo una crítica?

Es interesante la pregunta... Esto lo he hablado con Guillem Martinez, que es quien ha promovido este termino de «cultura de la Transición». Cuado llega el 15M se empieza a proponer valores externos o alternativos a la cultura de la transición, hay un elemento de crítica a la subjetividad neoliberal, del proyecto de clases medias implícito en todo eso. Hay un velo rasgado, y se puede criticar al 15M que era muy naive pero había algo potente: gente que no necesariamente venia de experiencias políticas y que había mamado de la subjetividad neoliberal intentaba desplazarse hacia otro lugar, una voluntad de vivir la vida con otros valores que no sean la acumulación, etc. La cultura política que nace intenta proponer valores alternativos, quizás de manera incipiente porque la batalla política diaria no deja espacio, pero pensaban otro patriotismo, una españolidad alternativa, plurinacional y anticolonial.

Y esto está ahí todavía, en el libro quise remarcarlo, pero no vencemos. De ahí tu pregunta, porque persiste la cultura de la transición. Se estuvo muy cerca de conseguir victorias pero hubo una reacción muy fuerte y eso ha forzado a tratar de defender algo con lo que no estábamos tan de acuerdo. La amenaza del fascismo es tan grande que pasamos de pedir un proceso constituyente a defender la Constitución. En la izquierda por desgracia, sin culpar a nadie, estamos obligados a defender cosas que hace años estábamos criticando. Lo deseable sería salir de este reducto de estar solo defendiendo.

En esa década han ocurrido dos hechos que, creo, muy traumáticos para la derecha nacionalista española, que son el «procés» y un Podemos con 69 escaños. ¿Coincide? ¿La ola reaccionaria que menciona como punto inicial de 2019 es una respuesta del statu quo?

Sí, coincido totalmente. Ahora que estamos en momento tan oscuro quizás es un consuelo, una victoria pírrica. Sin duda se hicieron cosas bastante importantes y sin duda se generó un miedo en sectores de las élites, del capital, de poderes mediáticos, un miedo a una situación que no conocían, que sentían que no podían controlar. Hubo un nuevo actor que había que tener en cuenta sí o sí y por eso las elites deciden que hay que destruirlo de la manera que sea; y luego lo del ‘procés’ supone un desafío al Estado y la propia Constitución, y asumir de verdad el hecho plurinacional.

«La derecha se siente incómoda con las transformaciones, como la del feminismo, y considera la situación descontrolada. Por eso Vox es vehículo de ciertos poderes frente al descontrol»

La derecha se siente incómoda con las transformaciones, como la del feminismo, y consideran la situación descontrolada, por eso Vox es un vehículo de ciertos poderes para resolver una situación de descontrol. Ahora se funde con la nostalgia imperial y colonial, que encuentran en Vox el articulador de esas cosas que estaban flotando.

-¿Qué queda de aquel 15M? ¿Ha muerto esa reivindicación?

Creo que los movimientos sociales como el 15M, entendido como una sociedad que se pone a hablar consigo misma de una manera muy masiva, desaparecen y sus sobrevidas mutan mucho. Hay un sector silencioso que está muy agotado, políticamente saturado e inactivo, un sector progresista amplio que quizás ya no vote, y están esperando a que un proyecto transformador surja y logre articular demandas que siguen pendientes. Se podría rearticular con una nueva fórmula y programa rupturista, pero el contexto es otro, ya no es 2016, cuando se podía hablar de transversalidad. 

Escribe que «los próximos años van a estar marcados por una dura pugna en torno a la democracia: su significado, sus prácticas y valores», y que se trata de «dar palabras a la confusión, de saber conectar y explicar». ¿La crisis de las democracias liberales está emparentada con la pérdida del sentido?

Creo que sí, conecta con la pregunta anterior. Hay muchísimo cansancio, hay algo del momento de la pandemia que no no hemos recuperado, una fatiga emocional y cognitiva. Por eso el posfascismo se mueve tan rápido, porque vende mensajes simples a la gente. No basta con decir que la gente es tonta, sino que hay un agotamiento que lleva a leer mensajes simplificados y buscar personajes carismáticos.

«No basta con decir que la gente es tonta, sino que hay un agotamiento que lleva a leer mensajes simplificados y buscar personajes carismáticos»

 

Una de las claves en EEUU por ejemplo del triunfo de Trump fue la desconexión entre el mensaje de que la economía va bien pero los precios están disparados. Hay que conectar las percepciones cotidianas con los diagnósticos más macros. Algo que articule una explicación y proponga pasos hacia adelante. Ahí se juega la construcción.

La derecha tiene formas de proponer agencia a la gente, el odio y el racismo tiene ilusión de poder, hacen a un desgraciado sentirse más poderoso que otro desgraciado. Y las redes dan espacio para toda esa toxicidad. Por eso hay que pensar cómo articular espacios donde se pueda participar alrededor de mensajes claros y que la gente vuelva a politizarse no en sentido de las redes sino en espacios de participación real y valiosa.

Quiero preguntarle sobre EEUU. Vive hace mucho ahí, ¿Ha cambiado tanto esa sociedad como parece desde fuera? ¿Hay una revolución cultural de la nueva ultraderecha?

Yo diría que sí y no, las cosas son ambiguas siempre, pero creo que sí, para mí un momento clave para entender esto son los cambios que hubo en esta sociedad como el Occupy Wall Street, que rompe una dinámica de hegemonía liberal absoluta, con sus limitaciones e ingenuidades. Sin Occupy no se puede entender a Bernie Sanders ni a AOC, ni el primer momento de Black Lives Matter. Antes en EEUU decir que eras socialista o comunista era un suicidio social, pero ahora decirlo es perfectamente audible entre la gente joven. 

«Los resultados de Trump hay que entenderlos como un golpe de Estado de Silicon Valley. Hay millones de personas que viven en un ecosistema informativo absolutamente tóxico»

Las respuestas por eso han sido tan fuertes para querer cerrar y obturar los diferentes movimientos. Creo que los últimos resultados de Trump hay que entenderlos, dicho de forma brutal, como un golpe de estado de Silicon Valley. Hay millones de personas que viven en un ecosistema informativo absolutamente tóxico. Hay una operación financiada por Silicon Valley y sectores de las energías fósiles que han puesto un montón de dinero para potenciar eso. A pesar de todo, de la gravedad absoluta de la situación, creo que en España se está a tiempo de evitarlo. Quizás no se pueda salir totalmente de las redes, pero sí trabajar políticamente en el encuentro, en el cara a cara, es un trabajo lento.

Vive en Nueva York y allí ha ganado Zohran Mamdani.

Sí, hay cosas potentísimas de Zohran y su campaña. Algo importante de aprender es la dialéctica de redes y calles, cómo usar las redes para generar cosas en las calles. En terminos de comunicacion politica es modélica, con sus videos con humor, no reactivo, propositivo y una crítica del oponente tremendamente efectiva. Siempre ha intentado recuperar una dialéctica del puerta a puerta, tuvo una campaña con 100.000 voluntarios, y él personaliza el poder deshacer la polaridad entre la clase obrera típica con lo cosmopolita y woke, se diluye esa oposición de una izquierda solo preocupada por cuestiones identitarias y otra obrera. Es un enfrentamiento falso creado por el enemigo.