El riesgo de boicot al Mundial de fútbol crece ante las amenazas de Trump
La FIFA mantiene la misma política que ha mantenido hasta ahora: guardar silencio y esperar a que el balón eche a rodar. La diferencia entre Qatar con la próxima edición del torneo está, una vez más, en el riesgo de que Trump siga echando leña al fuego y alimentando las voces favorables a un boicot.

«Hay un apoyo total de la FIFA al presidente Trump y a todos los miembros de la Junta de Paz. Porque todos debemos apoyar la paz. Todos debemos unirnos y unir a la gente». Así se posicionaba el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, en el Foro de Davos, en relación a los últimos movimientos del presidente de Estados Unidos. No hizo alusiones a la agresión sobre Venezuela, a las muertes provocadas por los agentes ICE o a la creciente tensión alrededor de Groenlandia. Mientras tanto, en la Unión Europea crecen las voces favorables a un boicot al Mundial de fútbol.
Que el alineamiento con Trump terminaría comprometiendo a Infantino no era difícil de ver, pero, si esa misma estrategia le funcionó hace cuatro años en Qatar y hace ocho en Rusia, ¿por qué iba a ser diferente en Estados Unidos? La respuesta es que Trump no está mostrando la discreción que sí tuvo el emir de Qatar o la falta de afán de protagonismo que tuvo Putin con motivo del Mundial.
El presidente de Estados Unidos viene siendo un anfitrión incómodo para la FIFA desde el momento en el que tomó posesión de su segundo mandato. Tras el ataque sobre Venezuela y el secuestro de Maduro y su mujer, Cilia Flores, Infantino y la FIFA mantuvieron un silencio embarazoso. Ante las amenazas sobre México y Canadá, los otros dos países anfitriones del Mundial, ese mismo silencio empezó a comprometer al máximo órgano del fútbol. Ahora, la tensión sobre Groenlandia podría terminar por romper el consenso alrededor del Mundial.
«Me pregunto cuándo será el momento de hablar sobre un boicot al Mundial. Para mí, ese momento, claramente ha llegado», declaró Oke Göttlich, presidente del St. Pauli y vicepresidente de la federación alemana, al diario 'Hamburger Morgenpost'. El diputado de la CDU alemana, Roderick Kiesewetter, dijo que, si Estados Unidos termina invadiendo Groenlandia, «es difícilmente concebible que los países europeos participen en el Mundial». Jürgen Hardt, también diputado de la CDU y próximo al canciller, Friedrich Merz, declaró que «la cancelación del torneo solo se consideraría como último recurso para hacer entrar en razón al presidente Trump sobre Groenlandia».
Deporte como herramienta diplomática
Las agresivas políticas de la Administración Trump han tensado mucho la relación con países cuyas selecciones participarán en el próximo Mundial, como es el caso de Colombia, Irán o Brasil. Sin embargo, en estos países no se han escuchado voces en favor de un boicot. Es en la Unión Europea donde ha crecido el apoyo a esta posibilidad, después de que el gobierno de Estados Unidos haya amenazado la soberanía de Groenlandia.
Todavía en Davos, Trump anunció haber acordado el «marco para un futuro acuerdo» sobre Groenlandia con el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, al tiempo que rebajaba sus amenazas militares y arancelarias. Este cambio de actitud hacia la isla del Ártico rebajaría también el riesgo de un boicot al Mundial. Sin embargo, en Bruselas son conscientes de que el cambio de política emprendido por Trump, exige respuestas diferentes por parte de la Unión Europea. El próximo verano, Estados Unidos se juega mucho más que un torneo de fútbol y el éxito de este evento exige la presencia de las principales selecciones europeas.
Desde que, en 2017, se presentó la candidatura para el Mundial, el torneo se planteó como una ocasión para que el fútbol diera el salto que tanto le viene costando dar en Estados Unidos, iguale la pasión que despierta en buena parte del mundo y compita en ingresos con las ligas de béisbol, la NBA o la NHL. Se da la circunstancia de que, en este país, la cadena FOX tiene, tanto los derechos del Mundial, como los de la liga nacional de fútbol (MLS). En este contexto, un Mundial sin la presencia de las selecciones de Alemania, Francia, España o Italia, significaría una caída muy importante en los ingresos y en el impacto que el fútbol podría llegar a alcanzar en el país.
Estados Unidos se encuentra aquí en una situación de fragilidad frente a la Unión Europea, que se repetirá de cara a los Juegos Olímpicos de 2028, a celebrar en la ciudad de Los Ángeles todavía durante el mandato de Trump. El deporte se convierte así en una herramienta de presión diplomática muy útil para a la Unión Europea frente a la agresividad de Estados Unidos.
Mientras tanto, Infantino y la FIFA mantendrán la misma política que han mantenido hasta ahora y que siguieron de cara al Mundial de Qatar. A medida que se acercaba la competición y crecían las críticas por la violación de los derechos humanos en el país, guardaron silencio y ganaron tiempo, a la espera de que empezara el torneo. Cuando el balón echó a rodar, las críticas fueron callando y el torneo se pudo disputar, prácticamente, sin oposición. La diferencia con la próxima edición del torneo está, una vez más, en el riesgo de que Trump siga echando leña al fuego y alimentando las voces favorables a un boicot. La Unión Europea ya ha dicho que la línea roja es el respeto a la soberanía de su territorio, incluyendo países asociados como Groenlandia o las Islas Feroe.
Mientras tanto, la FIFA no parece recordar que, si el Mundial es el evento deportivo más importante del planeta, también es gracias a las décadas de estabilidad que siguieron a la II Guerra Mundial y que ahora pone en peligro el presidente Trump, precisamente, cuando su país va a ser anfitrión del torneo.

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